Una idea para hacerse viral en WhatsApp e Internet para que te lean

Dando vueltas a ideas locas para ser leído. Concursando y publicando, pero necesitando ser más leído, aprovechando los nuevos medios de comunicación basados en nuevas aplicaciones para ordenadores, tabletas y teléfonos inteligentes, se me ocurrió, basándome en la recepción de vídeos y otros contenidos virales, hacer extensible esta virulencia a mis propios escritos, y «whatsappeados» y tuiteados a mis contactos para que estos a su vez los difundieran, he empezado a ser un poco más conocido en el ámbito de los «lectores ocasionales». Obviamente, sólo puedo difundir, a un solo golpe de vista, nanorrelatos y microrrelatos (nano relatos y micro relatos).

¿Qué os parece la idea? ¿Es original? ¿Es practicable durante mucho tiempo? ¿Es otra forma práctica de difusión?

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Salvo

Habían trabajado a marchas forzadas. Toda la familia. Codo con codo. Turnándose en las horas de vigilia. Aprovechando el frescor de la noche para avanzar. Y mientras, escuchando obsesivamente las noticias radiofónicas. Y todos, agradeciendo al cabeza de familia su actitud conspiranoica. Porque ahora ya estaban preparados para el final. Aunque, predecían entusiasmados, que sería el principio de una nueva vida en común. En el refugio. Para siempre. Hasta que desapareciera la radiación gamma en el exterior. En el resto de la Tierra.

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En agosto

   Cómo fardaba con su chaqueta nueva. De cuero negro, reluciente, que se ceñía a su cuerpo como un guante a la mano.

   En su momento de gloria, saliendo del ambiente acondicionado de los grandes almacenes hacia el calor insoportable de la calle de un Madrid de agosto.

   Y aquellas gotas, las de gomina, mezclándose con el mar de sudor que tenía al final del cuello.

   Cimbreándose a lo Travolta, pero con muchas más canas.

   Un sueño cumplido. ¡Benditas rebajas!

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Persuasiva

 Rose Mary Lutman me atrajo hacia sí y me susurró, al mismo tiempo que me maldecía con su mirada incendiada en ira contenida, una muerte predicha, pero no por ello más esperada.

   Y después carcajeó cuando quebré las articulaciones de mis extremidades, en una caída inverosímil, tan cierta como la pérdida del conocimiento de esta parte de la vida.

   Y recordé, antes del apagado de mis neuronas, los avisos fantasmales, llenos de supersticiones inapropiadas, de que nunca, bajo ningún concepto, me dejara embelesar por la inteligencia de una bruja. 

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