JAMÁS Y SIEMPRE A LA VEZ, mi primera novela corta, en capítulos semanales, en el 2014

   Hacía tiempo que el agua era un bien escaso en el planeta Tierra. El descubrir nuevos mundos y colonizar el espacio no contribuyó a que ese tesoro tan preciado dejara de ser la clave para comenzar una guerra, cualquier guerra.

   El planeta Tierra entró a formar parte de la Confederación Cósmica de Mundos Habitados en el año 2525. El agua era su bien exclusivo pero, al sumarse a esta unión de mundos, tuvo que compartir todas las bondades de la misma. A medida que crecía el nivel de exportación, también lo hacía el riesgo de deshidratación irreversible del planeta. La solución se halló en la creación de productores estables en cada uno de los planetas, planetoides y satélites naturales destinados para tal fin en cada uno de los 58 sectores espaciales existentes.

   Pero los poderes fácticos de los mundos no terráqueos no se podían permitir el depender de la patente exclusiva que detentaba el Planeta Azul. Las rebeliones locales, las catástrofes naturales y la ambición empezaron a desestabilizar la perfecta armonía de la Confederación.

   La guerra sedujo a los pacíficos, el poder a los humildes y la Humanidad fue testigo de cómo el origen de la vida podría ser la causa de destrucción de la misma.

   Una más de las paradojas del Universo.

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   Estimados lectores y, por ello, amigos:
   Estrenando nuevo año, quiero, en el 2014, compartir con vosotros mi primera novela corta, JAMÁS Y SIEMPRE A LA VEZ, escrita en el año 1994, y enviada a críticos y editoriales especializadas en el 95, recibiendo negativas a ser publicada a cambio de buenas críticas y ánimos para no desfallecer en el intento de que me lean ojos extraños.
Mientras, en el 96, escribo la novela corta EL ESCONDITE DE DIOS, que también recibe buenas críticas de alguna que otra editorial y con la que me presento a algunos concursos literarios de ámbito nacional, a sabiendas del handicap que supone la temática y el estilo, englobados dentro de la minoritaria ciencia ficción. En el 97 lo intento también con Jamás y siempre a la vez y, por primera vez, me atrevo a concursar en el internacionalmente reconocido Premio UPC de Ciencia Ficción con El escondite de Dios.
   En el año 1998 me presento al UPC con una versión remozada de Jamás y siempre a la vez, mientras recibo buenas críticas de Juan José Aroz, editor de la colección Espiral, por El escondite de Dios.
   Quien me diría que, al cabo de los años, y gracias a la inestimable herramienta que supone la red internet, podría publicarla en mil y una maneras en mis páginas web favoritas, incluidos mis blogs.
   Ahora, y poco a poco, lo haré en WORDPRESS, donde estoy recibiendo tantas satisfacciones por parte de vosotros, mis lectores.
   Por eso, ahora puedo decir con orgullo aquello de «Próximamente…»

La Puerta del Puma

   Allí, en el altiplano boliviano, a 4000 metros de altitud sobre el nivel del mar, el azul del cielo es irrepetible. El contraste con el verde de las montañas, insuperable. Y el enigma de los grises de Puma Punku, que así ha sido, es y será, eterno.

   Eterno, mientras ninguno de los gobiernos bolivianos auspicie excavaciones que liberen al exterior el 66 por ciento de las ruinas que aún siguen desconocidas para nuestra civilización.

   Los bloques andesíticos visibles están desparramados por toda la zona, a 980 metros del llamado Palacio de Calassassaya, en el asentamiento de Tiahuanaco, ordenados en grupos los pocos que se pueden mover, e imperturbables los grandes bloques que superan el centenar de toneladas.

   La Arqueología oficial supone, pues, que los restos pertenecían a una gran pirámide-templo levantada, según algunos, 15000 años antes de Cristo. Imaginar no cuesta dinero y eso es lo que se ha hecho hasta ahora.

   Y el asombro apoya la leyenda.

   El que causan los posibles métodos de transporte de las rocas más grandes: En barcas o balsas de totora desde no se sabe qué canteras, pues las moles no provienen de las montañas circundantes. Según otros, el transporte sólo se invertía en traer la materia prima en pequeñas cantidades y luego ésta se amasaba con fluidos milagrosos conocidos únicamente por los técnicos-sacerdotes, moldeando las formas que más tarde se unirían, para la construcción, con un pegamento especial desconocido en la actualidad, o con grapas de cobre arsenical, que sí han sido extraídas en las últimas excavaciones, y de las que quedan huellas perennes en algunas piezas de este gigantesco rompecabezas.

   Y el estupor que producen las anomalías magnéticas localizadas en un mismo bloque cuando el N de una inocente brújula se deja desorientar con el desplazamiento centimétrico encima del mismo. Y los canales de drenaje con los que eran capaces de transportar agua desde una distancia de 10 kilómetros.

   La miseria y el desconocimiento de los actuales habitantes de la zona, donde se halla el pueblo de Tiahuanaco, han hecho rapiña en Puma Punku para levantar viviendas y otros edificios del presente con lo sagrado del pasado, y es seguro que la información que osan tener los pretendidos sabios contemporáneos esté perdida en los cimientos de otros lugares sagrados de espíritu diametralmente opuesto al de los moradores del Tiahuanaco Antiguo.

   Fueran quienes fuesen los ideadores de la enésima maravilla de aquel mundo, los incas debieron de presenciarla en mejor estado y quisieron imitarlos no pudiendo superar, ni siquiera igualar, su perfección, y puede que le dieran el nombre con el que hoy se conoce, la “Puerta del Puma”, porque quisieran hacer homenaje a uno de los símbolos divinos, el felino solar, pues creían que Tiahuanaco, donde estaba integrada, era la cuna de los orígenes de la especie humana, y que el dios sol, simbolizado por el oro de cada una de las puertas del gran templo piramidal, presenciaba a través de la puma punku el discurrir de su creación.

   Hoy la base de esa admiración explota en múltiples conjeturas de un pasado que quizás fue, y del que quizás nunca se sabrá por qué fue y por qué dejó de ser. No mientras el puma no pueda saltar hacia el cielo infinito del conocimiento por hallarse enjaulado por la falta de interés y recursos, y por toneladas de tierra roja donde no crece más que la vegetación “puna” de los Andes.

 

 Image
Tiahuanaco, 27 marzo 1994

¿Para?

Tercos sinsabores de los nuevos tiempos

Espantadores de moscas invisibles

Restituidores de las masacres infames

Cansinos aduladores de los impresentables

Gimiendo al unísono por falta de aire

¿Pa’ qué? ¿Pa’ qué?

 

Saltando jerarquías de mando inasumibles

Bordeando precipicios carentes de fondo

Vistiendo santos ya vestidos

Vallando una propiedad que es de todos

Vigilando las lenguas vivaces pero sin músculo

¿Pa’ qué? ¿Pa’ qué?

 

Batallando en una guerra sin enemigo respetable

Horadando en los cerebros ya petrificados

Jamaseando la verdad incógnita

Liberando el excremento el espíritu enfermo

Allanando las cumbres inalcanzables

Y todo, ¿pa’ qué? ¿pa ‘ qué? ¿pa’ quién?