Con o sin alas

   Estaba volando.

   Esta vez era de verdad y no era un deseo de sus sueños. Ya se lo había visto hacer a demasiados superhéroes en la pequeña y gran pantalla. Ahora era él el que volaba.

   Pensó que iría a visitar a su madre, al otro lado del charco. Ahora sería fácil.

   Pero no quería ser maleducado y antes se despediría de su cuerpo, allá abajo. El que estaba postrado y perforado por infinidad de tubos, con demasiada gente nerviosamente atareada a su alrededor.

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Añoranza

   Si miro la Luna y veo su cara, y viendo su cara entro en éxtasis, y entrando en éxtasis comprendo que la obra del hombre en la Tierra es mínima comparada con la de los selenitas en su mundo, entonces añoro los tiempos en que ellos quisieron dominarnos.

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¡Bravo, brava!

  ¡Bravo! ¡Bravo!

   Gritaban desde platea. Doscientas almas eufóricas, lanzando flores al escenario, aplaudiendo rabiosamente.

   Ella no veía nada pues, aparte de ser miope, le cegaban los focos que le apuntaban directamente y le seguían en su movimiento por el escenario mientras saludaba al respetable de todos los flancos.

   ¡Brava! ¡Brava!

   Vociferaban desde los palcos, lanzando flores al escenario, los que estaban más cercanos, y al público de platea, los más alejados, sugiriendo una suerte de lluvia perfumada que era bien agradecida por las damas presentes.

   Genuflexión tras genuflexión, impaciente porque aquello acabara y pensando en el subsiguiente martirio cuando fuera la actriz protagonista, y no ella, la receptora de tanta viva emoción.

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De larga duración

   Tengo que limpiar el desaguisado de mi último crimen. Demasiada sangre. Demasiados órganos reventados. Demasiadas pistas para los sabuesos. Esta vez me cazan. Como no lo remedie con premura, me cogen. Y no estoy dispuesto a pasarme la vida entre rejas. No ahora. Cuando he logrado escabullirme durante estos noventa y ocho años.

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Viajeros


  Sí, doctor, me desnudaré ante usted y tendré que romperle el cuello antes de que se le ocurra denunciar a gritos mis implantes.

   Las órdenes fueron claras: No dejar testigos de nuestro paso por este presente, por esta atrasada línea temporal en la que no están preparados para nuestra visita.

 

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Exprimiéndose

 

   Mesándose el pelo de la cabeza, primero, y el de la barba, después, no conseguía, empero, que las ideas afloraran desde el subconsciente más profundo al consciente alcoholizado.

   Sabía, algo se lo decía, aunque aún no sabía cómo, que la más grande eureka aparecería de la nada y resolvería su calamitosa situación financiera, lo que llevaría a recomponer, también, su extinta vida amorosa.

 

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