Alfeñiques vanagloriados de suma cobardía y, por ende, mentecatos insufribles.
¡Ya basta! ¡Basta ya! ¡Pues no doy abasto!

Alfeñiques vanagloriados de suma cobardía y, por ende, mentecatos insufribles.
¡Ya basta! ¡Basta ya! ¡Pues no doy abasto!

Querida mía:
Después de hablar contigo esta mañana, he sentido que el teléfono es demasiado frío para mí, pues desde el momento en que lo cuelgo hasta el siguiente día, estoy contando las horas que faltan para escuchar tu voz, deseándolo fervientemente, casi obsesivamente, porque una vez que no la vuelvo a escuchar me siento morir, contando, y martirizándome con ello, los días que faltan para estrecharte entre mis brazos.
No te puedes imaginar lo que te echo de menos. Nunca me he sentido tan mal separándome de alguien, y es que se me acaban las ganas de todo. Duermo mal, pues sé que no despertaré a tu lado. Como a desgana, porque sé que la comida no ha sido cocinada con tus manos y, como tú me dices, con todo tu Amor. No logro avanzar en mi novela porque me falta la inspiración y, con tu falta, me he dado cuenta que esa inspiración eres tú. Huyo de la soledad estando con mis amigos y hermanos, porque me siento igual de solo siendo tú lo único que llena mi vida. Y lo siento, pero no puedo controlar las lágrimas. ¡Tan mayor y llorando como un niño!
¡Te amo tanto!
Y ha hecho falta esta separación para darme cuenta que, de verdad, sin ti no soy nada.
Hasta trabajando, intento concentrarme en lo que hago para no pensar, pero al final decaigo pues tu esencia me recorre el pensamiento y, lo que es más duro en estos momentos, el corazón.
Intento, por teléfono, dar la sensación de tranquilidad y normalidad, pero lo hago para que no te agobies, pero no puedo mentirte. A ti, nunca. Eres mi compañera, mi mejor amiga, y no te puedo ocultar nada. Espero que todo lo que está pasando valga la pena para ti. Que estés disfrutando. Que seas feliz. Eso me consolará. Pero a medias.
Cuando hablo contigo por teléfono intento controlarme y me desespera que no me digas, tan acostumbrado como estaba, que me amas y que me echas de menos. Como tú decías de ti, yo también debo aplicarlo a mí: Soy un egoísta. Te quiero para mí solo, y tengo envidia de todos los que te rodean, de todos los que te disfrutan.
Y luego me llegan los momentos de tranquilidad, en que me calmo y logro no pensar en todas las semanas que aún quedan para volverte a ver.
No puedo escuchar música romántica porque me hundo. Y separo la vista de las parejas porque te recuerdo conmigo. Y sufro. Y algunas noches me consuelo mirando nuestras imágenes en vídeo o en fotografía, pero es pasajera la anestesia. ¡Es tan complicado de explicar!
No sé si tú sientes lo mismo. No sé si estás conmigo en la distancia. Solo sé que te adoro y que estoy locamente enamorado de ti.
Te pido, por lo que más quieras, que nunca más volvamos a separarnos. Que aunque las circunstancias lo pidan, hagamos lo posible para estar siempre juntos. Tú eres mi vida, y contigo se ha ido una gran parte de la misma.
Todo tuyo, en cuerpo y alma,
P.D.: Te escribo con ordenador para que puedas entender mi letra, pues hasta ella me tiembla cuando pienso en ti.

Nunca más te vuelvas a ir, porque sin ti se me desgarra el alma.
Nunca más te vuelvas a ir, porque el hogar, la ciudad, el mundo entero sin ti no son nada.
Y tu olor cálido no vuelvo a encontrar cada mañana.
Y tus sonidos plácidos no vuelvo a respirar cada tarde.
Y me desespero porque no te encuentro cuando vuelvo muerto al final de la jornada, esperando resucitar entre tus brazos.
Jamás te vuelvas a ir, y si te marchas, que sea conmigo.
Para poder rozar tu mejilla con mis dedos temblorosos.
Para extraer de ti palabras que acaricien mis oídos.
Para poder nombrar cada amanecer con tu nombre.
Y que las estrellas, que nos observan allá encima, en el cielo, sean un reflejo de los poros de tu piel.
Y que la luz de nuestro sol sea tu mirada fija en mí mientras tiemblo de emoción al imaginarte entre mis brazos, devolviéndome parte de la vida que te di al entregarme por entero a ti.
No te vayas más, porque mi corazón se ahoga,
y todos los segundos compartidos contigo se me escapan transformados en lágrimas.

(Fotografía: © Jesús Fdez. de Zayas «archimaldito»)

El poeta se vengó del novelista escribiéndole un ensayo.

La carne se le pudría entre los dientes mientras intentaba convencer a la joven promesa de rock de que él sería el mejor agente que encontraría. Si conseguía convencer al pardillo se embolsaría, con el tiempo, una buena cantidad de dinero, porque el joven prometía.

Soy un mísero escritor en una mísera habitación. Tengo ideas miserables que sé que nunca, jamás, se harán palpables. Es mejor así. He destrozado infinitas veces las hojas manchadas de azul. La verdad es que a mis ahora posibles lectores esto os dará igual cuando seáis efectivos críticos de mi intento de literatura. Pero considero que debo avisaros del estado de ánimo que me envuelve ahora mismo. Para que no os plantéis cuestiones insolubles al faltaros mi criterio.

No me avergüenzo de ser humano. Me avergüenzo de que algunos lo sean.

Lo malo de que gesticulara tanto es que no se le entendía cuando hablaba pausado, meditabundo, reflexivo, nada inquieto.

Lloraba todos los días el daño que aquella célula cancerígena llamada hombre causaba en el cuerpo llamado Tierra.
