El laberinto de mis emociones
tiene un trazado más complicado que
el laberinto de mis pensamientos.

El laberinto de mis emociones
tiene un trazado más complicado que
el laberinto de mis pensamientos.


Se acostumbró a una realidad consecuente con sus pensamientos.
Su mente la creaba tan efímera como el efecto de las drogas ingeridas.

«Su gran problema es que piensa demasiado. Y por elucubrar tanto es por lo que decidió la escabullida y el abandono a una suerte inhóspita, desmandada. ¡Con lo fácil que es buscar y encontrar el término medio para todo: las pasiones, las reflexiones, las sensaciones, las acciones!»
La voz mental no tenía timbre ni tono, sólo contenido semántico. Y aún así, algo la distinguía de otras que había recepcionado. Una marca diferenciadora, y como las huellas digitales de todos los humanos, única, intransferible de un sujeto a otro.