Roto

Un segundo, una lágrima surcándome la cara,
incontenible en su curso me desgarra el alma.
Un segundo, pensando en cuánto falta,
es siempre lo mismo y, sin embargo, me mata.
No quiero pensar en nada, ni siquiera en ti,
porque cuando lo hago, sin tenerte aquí,
soy un esperpento, un cuerpo sin alma tremendamente infeliz.

Cúrame, cuando vuelvas, con tus besos, con tus caricias;
sabes que deseo solamente una cosa y es tenerte aquí,
pues el silencio, por falta de tu voz, de tus risas,
se hace eterno, quebranto provocado sin ti.

¡Oh, mi ser, mi esencia más pura!
¡Oh, ven pronto, y no hagas mi espera más dura!
¡Que mi alma tiene un aguante, mi corazón al final se parte,
mis oídos necesitan escucharte,
y mis labios piden a gritos besarte!

Que el Universo me mande pruebas duras,
pero ninguna como ésta, porque si se repite,
no responderé de mí, y juraré en su nombre
que tendré el espíritu siempre a oscuras.

Roto

Impaciencia

Me he vuelto a cruzar con ella.

La he mirado de refilón y he notado un cosquilleo en la nuca. Y después, tras tener lejos la estela de su perfume, me he preguntado por qué causa en mí ese efecto.

Aún no sé si la deseo y ni siquiera me he planteado el averiguar si la querré algún día.

Lo que sí sé es que quiero cambiar de vida. De cuerpo. De alma.

Y mezclar mi plano existencial con el suyo.

No puedo esperar a que muera para poder fundirme con ella.

 

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Bien por ti

Bien por ti, porque, estando hundido en la más profunda de las miserias, siempre sonríes a la vida.
Bien por ti, porque creyendo que los demás son tan inocentes e ilusos como tú, confías plenamente en ellos.
Bien por ti, porque tienes sueños e ilusiones que no podrás hacer realidad jamás, pero las cuentas como si ya formaran parte de tu vida. Bien por ti, porque lloras cuando ves una injusticia.
Bien por ti, porque no estás apegado a nada ni a nadie y aún así amas todo y a todos.
Bien por ti, porque crees que no existe un paraíso en la otra vida pero realizas actos continuos para merecerlo.
Bien por ti, porque te crees todo lo que te cuentan y no haces jamás ninguna crítica.
Bien por ti, porque sin ser bello ni elegante, reluces entre todos los demás.
Bien por ti, porque crees lo que los demás dejaron de creer hace mucho tiempo.
Bien por ti, porque jamás haces las cosas a cambio de algo.
Bien por ti, porque nunca has perdido la esperanza de que alguien te ame. Bien por ti, porque tu corazón aún sigue entusiasmado con tu infancia lejana.
Bien por ti, porque te he mirado a los ojos y no he visto remordimiento ni culpa en ellos.
Bien por ti. Bien por ti.
Bien por ti, porque, sin conocerme, me has brindado tu ayuda.

Manifiesto de un mundo inútil

 

Pter es una unidad.

Una unidad de cosas con las que se mide el alma.

Con la que se tienen visiones al pasar las nubes.

Pter es más que una palabra en un mundo sin habla; con la que está todo dicho si un niño no mama.

De todos esos temores que nunca te alcanzan. De lo que no llamas a gritos porque la voz no te alcanza. De las cortinas y medias que sin el tacto se rasgan.

Del mal que no almuerza, de la luz que te sana porque es sana.

Pter es la unidad del signo que falta. A la que hay que saber obsequiar una de las magnitudes de lo improbable. Con la que se es feliz en un abrazo sin fin.

De todo lo que parece mucho y resulta que no es nada.

Y el mundo, danzando al son de la desesperanza buscando el canto de un loco que no brama.

Sabiendo que a veces se luce, que a veces se apaga.

Y estando partido, el Pter microhumano engaña.

Te hace ver lo que ves, oír lo que es y sentenciar para que los mares se abran.

La primera vez que utilice un Pter se me escapó el alma, la cabeza me vibró anonadada y el corazón se desparramó en las arterias y venas vanas.

Con un cielo nublado y una cegadora niebla extraña, con el sabor ácido en la boca y el agridulce de la sangre que amenaza, apuré las horas que no me decían nada y embaucaba a mi yo extraño.

Hasta ese momento, en la rutina macabra.

A partir de Pter, en la apertura de mis centros, insana, y empecé a absorber más que a ser y dejé que me envolviera la nueva dimensión.

Cada uno de los segundos en que Pter me increpó me sentí morir, no ser nada, angustiado por pensar en el momento en que Pter me dejara.

Sé que soy lo que soy porque no creo en nada, porque los pensamientos de otros me perforan el ego ya que quiero ser más que ellos cuando a veces soy una nulidad en ciertos asuntos, en sapiencias absurdas que ellos creen sagradas.

Me aburre cacarear conocimientos intrascendentes y me bullen respuestas cifradas que no aclaran.

Con Pter carraspeo asperezas que molestan por su sinceridad, y no me importan las consecuencias.

Exijo que el prójimo se mire su propio ombligo y reflexione, que la inmadurez se desvanezca, que se diluya la incongruencia de las ambiciones estériles.

Con Pter se vaticinan sangres, se buscan, por fin, soluciones.

A lo largo, a lo ancho, en su profundidad, en otras expansivas dimensiones, bástame la seguridad que Pter actúa para dormir mis obsesiones.

Pter es la unidad de la lucha, la implosión de la batalla enorme.

A menudo Pter desconcierta con sus maneras.

Te hace ver que enloqueces sin estar lo suficientemente centrado para darte cuenta de ello.

La vida transcurre sin Pter pero con ello se dulcifica, se ilumina en la plenitud y se hace negro perpetuo en la nada.

Cuando anoche soñé que no era nadie, que no era nada, y siendo nada ni nadie aparecía alguien. Ese alguien era Pter personificado en la capacidad interna de la divinidad sublimada.

Con las demencias que llegas a pensar, cuando no tienes objetos a los que agarrar tus………

Si finges, Pter se da cuenta, si eres demasiado sincero, Pter se rebela.

Es una estupidez intentar engañarte porque sabes que engañas a Pter y si no te importa, reza para que no te persiga hasta el fin de tus días sus ideas iluminadas.

Para que dejes de creer que todas son casualidades.

Te dirán sobre el destino marcado desde el nacimiento. Sobre la falta de libertad promulgada en las religiones.

Pter te apabullará con su función aleatoria y podrás creer que Pter eres tú mineralizándote en la consciencia y que antes de ella no había nada. Creerás falacias y a mesías. Charlatanes eternos que se aprovechan del desconocimiento, no de la inocencia.

La magnitud de Pter, inmensurable.

Hago que observo el microcosmos de mi mano derecha pues seguro es que existen planetas y constelaciones enteras en la izquierda pero de un otro signo contrario. El equilibrio que hace que no me balancee de lado a lado al andar.

El mal de un lado contrapone al bien del otro, el de la otra mano, el del otro pie, el del costado contrario.

Y lo más gracioso es que Pter sabe de todo ello y lo explota al máximo para mantenerme contento. Pter es el riesgo.

Pter, la búsqueda. El sentido de la aventura.

Pter es la fantasía que no sublima las apetencias de un ser desgastado como el presente, en el que todos nos vaciamos en una distancia que no genera ningún orden, sin querer saber de amuletos, sin querer reconocer en el prójimo un espíritu afín.

Sin embargo, Pter te lleva a reconocer las fantasías del ser ajeno que renueva la sabiduría de un mundo que nunca debió existir.

Sin ese espíritu no se doblega uno al mejor objetivo, el del quehacer del ser externo, en el que Pter desespera porque no puede crecer. Por lo tanto, Pter es manifiesto de un mundo inútil.