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Acerca de Archimaldito

Buscador, eterno e incansable buscador. ¿De qué? Poco a poco lo sabrás.

Asesinato

   Martin Sheo se disponía a aparcar su coche en el garaje particular de la módulo-residencia. Abrió el contacto de ignición y las ínfimas explosiones nucleares que movían el vehículo empezaron a reducirse paulatinamente hasta hacerse nulas. Dirigió el telemando eléctrico hacia el magneto de la plaza de estacionamiento y se produjo la atracción acompañada del deslizamiento sobre el pulimentado piso, yendo a parar frente a un digitocartel que señalaba el ensamblaje perfecto y la identificación del ocupante del automóvil.

   Sheo no tenía más que bajarse del mismo e introducir su tarjeta de claves en una ranura del digitocartel para accionar el seguro antirrobo. Recogió el portadocumentos que estaba sobre el asiento trasero. Los alumbradores del recinto se apagaron de pronto y un haz de energía dirigido surcó, durante milisegundos, el espacio que había entre la puerta de salida y Martin Sheo.

   Los dos minutos siguientes estuvieron llenos de silencio. La llegada de otro automóvil accionó de nuevo la claridad.

   Lo que antes fue un alto consejero, ahora no era más que un muñeco de carne sin vida.

 

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La nueva era

Cayendo en picado, entrando en barrena, los ciento veinticinco pasajeros rezaban todo lo que sabían, pues el tiempo se les agotaba a un ritmo trepidante.

Cuando el piloto logró, en el último momento, remontar el vuelo, algunos agradecieron el milagro a su respectivo dios.

Otros, sin embargo, cogieron el teléfono celular para llamar a sus seres queridos y cuando se dieron cuenta de que, obviamente, no tenían cobertura, maldijeron su suerte.

 

Nuevas generaciones

Mi hijo, cuando era niño, me preguntó por el significado del movimiento de los planetas. Como no supe contestarle, se dijo, y me dijo, que sería astrónomo. Hoy, treinta y cinco años después, me sigue preguntando por el significado de ese movimiento. Sabe las respuestas pero quiere escuchar de mi propia boca, con mi propia voz, cómo asumo mi ignorancia. Y después quiere escuchar de mi propia boca, con mi propia voz, en qué magnitud se encuentra mi amor por él.

-Sólo sé que se mueven en el Universo Infinito. ¿Ves las estrellas? Pues cuando dejes de verlas, porque ya no existan ni ellas ni tú, aún perdurará, en el infinito, esta sensación de plenitud, cuando comparto mi tiempo contigo. Aunque creas que no sé nada. No creas que no recuerdo que yo también fui niño. Que mojaba la cama cuando tenía pesadillas. Que esperaba impaciente los regalos en Navidad. Que me entusiasmaba con la llegada del verano y de mis primos. Que lloraba, en mi interior, con la emoción de escuchar a mis abuelos cantarme el cumpleaños feliz. Que miraba con impaciencia el minutero para que el timbre nos avisara que podíamos dar patadas al balón en el recreo. Que me hinchaba como un gallo cuando la chica más guapa del barrio se dignaba a echarme una mirada, cuando……

-¡Perdona! ¡Perdona! ¿Y de tus padres no echas nada en falta?

-¿Mis padres? ¡Ah, no! En mi serie cometieron el error de olvidar implantar esos personajes y los recuerdos adyacentes en mi programación. Los de tu serie han salido más completos.

Mario don Mario

   Quizás la ilusión de tener una vida bien construida lo animaba a mostrarse como una persona feliz. Pero si recapacitaba, la cruda verdad oprimía, aplastando el ánimo como si una apisonadora quebrara el frágil casco de su cráneo.

   No era feliz ni tenía nada de lo que sentirse satisfecho. Nadie que lo quisiera, con la crudeza colateral de que nadie reclamaría su persona si le llegara a ocurrir algo.

   -¡Vamos, Don Mario! No busque excusas tontas. Con que gaste un poquito de lo que tiene no se va a arruinar. Es más, creo que así conseguiría nuevos amigos.

   -¿Amigos que me quisieran por mi dinero?

   -Mejor que lo quieran por su dinero que no lo quieran por nada, que no lo quieran nunca, y seguir solo hasta el día de su muerte y más allá, sin ni siquiera una pobre alma caritativa que ponga flores en su tumba. Aunque por no gastar, a este paso no creo que tenga ni tumba.

   -¡Que los hijos de tus hijos salgan tontos!

   -¿Más aún? ¡Ah! ¿Me está maldiciendo?

   -……

   -¿…?

   -¡Mejor te vas y me dejas tranquilo!

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