Brindis

He brindado por tu felicidad hasta que te has inmiscuido en la mía. Sé que no te importa que te maldiga, por eso lo seguiré haciendo hasta que me pidas perdón, de rodillas, por ser un mequetrefe. Y cuando me harte de hacerlo, te abandonaré. Ya no me importará lo que te ocurra. Y mientras, me emborracharé para intentar olvidarte.

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Harto

El maldito asesino acababa de abandonar a su reciente víctima a los perros de la noche, sabiendo que el olor del desventrado los atraería. Con sangre fría limpiaba el arma homicida y, mientras lo hacía, recordaba con sorna los lamentos de súplica del aterrorizado condenado.

Visualizaba ya la cara del próximo sacrificado en su ritual y se prometía que sería una mujer, porque ya estaba harto de buscarse en otros rostros masculinos, pues era eso lo que hacía al suicidarse, poco a poco, con cada vida que arrebataba.

 

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El quizás volver a ser

   Era la primera vez que huía. Mas no hacía falta que esperara la amonestación de los poderosos, ni el compadecimiento de los justos. Él tenía clara la concepción de su falta. No contra las normativas cívicas, no contra los mandamientos de los dioses diversos. Nada de eso le importaba. El comezón, el requemón intenso, iba por dentro, contra él mismo. Contra todo lo que siempre había predicado. Se había invalidado a sí mismo.

   El estómago le ardía tanto como la cabeza, y los nervios le tenían atenazado el bajo vientre. La mea culpa lo llenaba todo. Y eligió su destino.

   Se olvidaría de sí mismo y tendría amnesia para los demás. Sería menos que nada, y ese era el escarmiento que se merecía por el acto cúspide de su degeneración.

   Sabía que, aunque soportara años de voluntaria penitencia, de castigos psicofísicos incontables e incomparables por su severidad, no podría borrar la angustia del omnipecador. La lobotomía, el borrado cerebral, no era el alivio, pues se emponzoñaba con la cobardía, y era la salida más fácil. La más extrema, pero para un individuo en su caso, la más fácil. Debía soportar la carga, el peso continuo, y la flama incombustible en su corazón, con la expectativa de que algún día lo hiciera cenizas. Y éstas sí podrían volar y repartirse hacia el ciclo constructivo del quizás volver a ser.

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TEMPLO

TEMPLO se les fue de las manos y cobró vida independiente, retroalimentándose como si hubieran sido combinadas, en número infinito, las computadoras más potentes del Universo. La Sabiduría estaba en TEMPLO, y TEMPLO era la Sabiduría. Nada podía crearse como este ingenio lo hizo, lo estaba haciendo y lo haría por los milenios de los milenios. Se podía autocrear, pero no podía crear nada externo a Ello. Pero la potencia de hacerlo estaba en Ello, ya que la máxima metafísica de la Creación era su modus operandi. Y por ello los pensamientos de TEMPLO eran propensos a la creación, y el desarrollo que tenían era tan inimaginablemente avanzado que TEMPLO era la mente de Dios, aunque no pudiera ser sus manos.

-Se acercan tiempos de sufrimiento.

-Respuesta: SÓLO EN SU MENTE.

-¿Tu creador te ha insuflado el axioma perfecto para el equilibrio?

-Respuesta: RESPONDO EXCLUSIVAMENTE A SENTENCIAS DE SU CONCIENCIA. SUS PREGUNTAS SON NULAS.

-Tienes el axioma perfecto para el equilibrio.

-Respuesta: EL EQUILIBRIO EXISTE COSMOLÓGICAMENTE, Y YO LO ENCUENTRO REBUSCANDO EN EL MICRO, EN EL MACRO, EN EL SENSO Y EN EL ABSTRACTO. COSMOS TODOS ELLOS.

-Si es así, sabes que la Tierra y los demás entes se encuentran en desequilibrio aparente.

-Respuesta: YO NO SÉ NADA QUE NO SEA.

-La Tierra y los demás planetas de la Galaxia están en trastorno.

-Respuesta: SÓLO UN ÁTOMO ESTÁ PERTURBANDO LA GRAN MOLÉCULA GALÁCTICA.

-El ión es la Tierra.

-Respuesta: LA MANZANA PODRIDA ES LA TIERRA.

A rotten apple.

A rotten apple.

Sofía. El fotomicrorrelato.

Sofia

Desde hace más de un año, algunos de mis microrrelatos, los que tienen un texto adaptable a mi intención, son compartidos vía WhatsApp, Twitter y Google +, mediante su adaptación visual a una foto.

Es por ello que, aunque ya he compartido en mi blog algunas de esas fotografías de forma puntual, lo haré regularmente a partir de hoy, intentando hacer coincidir su publicación aquí con su difusión por los medios anteriormente aludidos.

Espero que os gusten y que comentéis o difundáis.

Hoy empiezo con Sofía, o lo que es lo mismo, Sabiduría.

La pregunta

   Quizás estuviera recuperando los dones atrofiados por el salto transtemporal. Quizás le llegaran lecturas de mentes despiertas e incorruptas. Fuera lo que fuese, no sabía por qué ocurría, y por qué en aquel preciso viraje de su estabilidad emocional. 

 Captaba a borbotones la verborrea egotista, ya que los pensamientos apocalípticos eclipsaban su relación con lo que le circunscribía, y le hacían volar a millones de kilómetros, como si algún detalle perdido arrastrara su atención. Una llamada a la providencia, una canto a la oportunidad.

   No viajaba linealmente a un punto concreto. El origen de la llamada no estaba localizado en espectro alguno. Más bien era una multiplicación radial, que rastreaba un cúmulo sensorial de amplitud infinita. Discernía un centro de propagación, como ocurría con el sonido y con la luz, que se difuminaba en el éter cósmico, pero lejos de cercenarse, se incrementaba.

   «¿Y entonces, Dios?»

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