Y lo he hecho, aún sin su consentimiento.
Besar sus labios, hundiendo mis dientes en su boca, lamiendo su sangre en mis uñas, aún fresca, aún compatible con la mía.

Y lo he hecho, aún sin su consentimiento.
Besar sus labios, hundiendo mis dientes en su boca, lamiendo su sangre en mis uñas, aún fresca, aún compatible con la mía.


Pásame la receta de tu amor,
que con su sabrosura estoy entusiasmado.
Explícame tus trucos,
que con tus salsas quiero hacer un mano a mano.
Déjame que pruebe cómo me cocinas.
Pídeme poner al fuego
un minuto de mi tiempo.
Enciende mi horno.
Y prueba, con tu cucharita,
si estoy en mi punto…
… para comerte.

que voy a ser bueno.
Déjame vivirte,
que eres mi sueño.
Prometo estar quieto,
hacer que no existo,
y si en esto insisto,
te pongo en aprieto.
Prometo el silencio,
mas no a cualquier precio,
y si, aún así, me has visto
no he sido muy listo.
Y ya clandestino,
te observo con tino,
y degusto anodino,
tu cuerpo divino.
Creo que un reto para el escritor es hacer reír, tanto como hacer llorar. Y otro reto, bien distinto, es sugerir todo lo concebible sobre las relaciones sexuales, sin caer en la vulgaridad de la simple descripción del acto sexual o en el atajo fácil del relato pornográfico.
El erotismo, que ensalza la sensualidad, la sexualidad y las capacidades de atracción entre los seres humanos es, en sí, un Arte, en todas las concepciones posibles de este término. Y en la Literatura, el artista, el creador, el autor, que hilvana palabras para llevarnos a la trascendencia, aporta toda su sabiduría para lograrlo.
Carme Barba es una gran escritora de Literatura Erótica, y yo, en mi osadía de confabularme con ella para fundir mis fotomicrorrelatos con su sapiencia en el manejo de la sugerencia sensual, le propuse una colaboración.
Y la colaboración es fructífera pues el HERMAFROMICRO (término de nueva creación salido de la explosica creatividad de Carme) alcanza el corazón, la mente y el sexo de nuestros lectores.