Mis huellas

   En los petroglifos adiviné una historia bien distinta de la que nos contaron en los posteriores libros impresos en papel. Pero me asusté cuando me percaté que, en aquel yacimiento, estaba diseminada la mía propia.

 

ImageFotografía: Jesús Fernández de Zayas

(Dedicado al Doctor Javier Cabrera Darquea, difusor, para el mundo, de los Gliptolitos de Ica)

Fallida

   Craso error. Aspiraba polvos para estar inspirada pero expiraban sus neuronas, acercándose a la nulidad de su ser, en un cuerpo que supuraba maldad, pues la genialidad, si alguna vez había existido, se negaba a manifestarse, y el carácter se agriaba, y el espíritu se marchitaba con los altibajos artificiales de esa adrenalina fallida.

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Controlando el momento

 

 

   Una y otra vez, pulsando el botón de cambio de canal, sin dejar quieto el dedo, sin tener tiempo a fijar la mirada en ningún fotograma de ninguna de las películas que emitían en su momento, sin llegar a escuchar las risas enlatadas de ninguna de las series programadas en ese momento, en ese momento cuando el momento no existía porque no daba oportunidad  para ello. Hasta que pulsó el botón con más significado, el del apagado. Y de vuelta a pulsar el cambio de programa, en ninguna emisión, en la nada. Y fija su mirada en la pantalla en negro se preguntó qué diferencia había: Ninguna.

  

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Prueba de sonido

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   Sus dedos índice y pulgar, los de la mano derecha, jugaban con los agudos, medios y graves de aquella mesa de mezclas, y por mucho que el sudor de su frente acompañara los nervios del incipiente comienzo de la prueba de sonido, no lograba hacer mínimamente soportable al oído humano aquella voz chirriante y lacerante.

   Por muy buen técnico de sonido que fuera no podría conseguir que el resto de los humanos del planeta entendiera ni una palabra del primer discurso del invasor.

   Ni con un número infinito de ecualizadores podría hacerse entendible la sentencia de muerte de aquel megalómano personaje hacia toda la especie humana.

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(Dedicado a mis compañeros de profesión)

La pulga (Un tuit-relato)

 


  • El amaestrador la traía por el camino de la amargura. La obligaba a dar saltos cada vez más imposibles
  • Escuchar un grito de cualquier humano la impulsaba a saltar, a saltar bien lejos 
  • ¿Habíase mostrado, alguna vez, el cuádruple salto mortal en aquel Circo de las Pulgas? 
  • Aquel día, el del desastre, la había obligado a hacer el salto del ángel, último anuncio del circo de pulgas 
  • Como se había portado bien, el amaestrador le regaló aquel bosque de pelos andante 
  • Limitándose a su vida ínfima, la pulga no mostró disconformidad ante el vasto terreno asignado 
  • La pulga adoraba ser catapultada a los manjares perrunos, aunque no hacía ascos a los humanos
  • Sabía que la glotonería la llevaría al desastre… 
  • No es que fuera poco social, es que no podía repartir el botín 
  • Sabía que era de porte más agraciado que esa maldita garrapata del tercer pelo a la izquierda 
  • Soñó, con su corto entendimiento, que se bañaba en un lago de sangre 
  • Ensimismada en sus pensamientos cayó en la cuenta de que tenía poco cerebro y, rencorosa, decidió desangrar a su huésped 
  • Trató de desasirse de aquel filamento inmenso, y cayó en un claro terso y suave, y picó 
  • La pulga tenía muy mala sangre. Ese día se le ocurrió picar a un perro con muy malas pulgas 
  • Vio que su fin se acercaba cuando la zarpa la lanzó al espacio infinito fuera del bosque de pelos 
  • Al estamparse contra el suelo frío y duro se quebró una de las potentes patas traseras 
  • Maltrecha, encima de la esperpéntica baldosa, sintió la impotencia de la invalidez
  • Había forzado la máquina, pensó. Si no hubiera hecho caso de los gritos del jefe humano, no estaría tan cansada 
  • El humano, el maestro de pulgas, gritaba y gritaba, ahora para encontrarla. La pulga gritaba y gritaba, para no ser aplastada 
  • La desesperación del humano era evidente desde la perspectiva de la pulga. ¿No entendía que no le entendía? 
  • La impotencia de sentirse incapaz de dar el gran salto, el más necesario, el que salvaría su vida, y no morir aplastada 
  • Siempre creyó que moriría en un salto rocambolesco y nunca pudo imaginar otra cosa 
  • Una infinita área negra acercándose y un infinito peso quebrando su armadura externa 
  • Un puntito rojo en el gres rojo. Ilocalizable. Una tumba. Imperdonable. Un perro. Imperturbable 
  • Su tamaño la traicionó. Perdió la vida. Su tamaño le traicionó. Perdió a su estrella.

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 El handicap que significa no poder exceder los 140 caracteres pertinentes, aumenta el reto de escribir algo que tenga algo de sentido y/o calidad literaria. Y en cada tuit un nanocapítulo, hasta completar un microcuento. Todo un reto.

La noticia interna

No era un gran periodista pero conseguía exclusivas impactantes.

Cuando le preguntaban cuál era su truco para estar siempre en el candelero, contestaba que no lo había. Que las noticias surgían solas según el ánimo que tuviera cada mañana al despertarse.

Y esta mañana se despertó sobre la máquina de escribir, y tenía marcadas las teclas en los pómulos enrojecidos y los ojos encharcados en lágrimas porque no creía en él mismo.

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