Demoledor

Otra vez amordazado.

Con la intención de decir la verdad y amordazado. Con la intención de no levantar sospechas. Sigiloso en los actos y reprimido en los pensamientos, por si hubiera alguno que supiera escucharlos o leerlos. Luchando continuamente contra la ignorancia mayoritaria, más similar a la desidia, a la dejadez mental. Soltando, poco a poco, el lastre más pesado: el del conformismo.
Siempre un paso por delante de los que caminan un millón de pasos detrás.
Etiquetado como rebelde, raro y estrafalario. Sin una piel de borrego. Sin una actitud de borrego.
Amordazado por mi propio autocontrol. Porque mis verdades serían, como siempre, tergiversadas, si es que no fueran ignoradas, como siempre, por el sistema erróneo y errado, el mismo que acabará implosionando en una suerte de demolición incontrolada.
Y, como yo, tantos y tantos que trabajan en las sombras de esa oscuridad quebrantable. Tantos y tantos que serán luz, en el momento adecuado, para los demás, los que ahora están ciegos y cegados, anestesiados y amnésicos, amordazados. Amordazados.

Otra vez amordazados.

 

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En mi turno

A veces los miro directamente a los ojos y me dan pena, o algo similar. Ellos escupen a mi paso, tanto hembras como machos, tanto adultos como infantes, y se supone que debo de entender ese gesto como un símbolo de desprecio hacia mí. Pero nunca me lo tomo así. Mi deducción lógica es que están todos enfermos.

Dentro de dos días, diecisiete horas y treinta y cuatro minutos terminará mi turno, para recargarme, y mi sustituto realizará labores paralelas a las mías, con sus altibajos transemocionales cuando los disturbios reaparezcan en la Zona Noroeste 16.8.345. Y no estaremos ninguno para ayudar. Su programación permitirá solventar el conflicto con la menor cantidad de bajas humanas.

Mi turno transcurre con tranquilidad. Solo un grupo de radicales ha intentado incendiarme con una tobera de radiante 9.

Al final del ciclo nos reunirán a todos y tendremos que explicar, ante la multitud de nuestra zona, los errores a subsanar en el comportamiento grupal. Ellos, como siempre, no lo entenderán, y volveremos a fraguar soluciones radicales, como la ocurrida hace ocho ciclos, con lobotomías parciales. Y la tranquilidad reaparecerá por un tiempo limitado, demasiado corto sospecho.

Y sé que, incluso así, ellos seguirán escupiendo al suelo cuando pase junto a ellos.

EnMiTurno

Controlando el momento

 

 

   Una y otra vez, pulsando el botón de cambio de canal, sin dejar quieto el dedo, sin tener tiempo a fijar la mirada en ningún fotograma de ninguna de las películas que emitían en su momento, sin llegar a escuchar las risas enlatadas de ninguna de las series programadas en ese momento, en ese momento cuando el momento no existía porque no daba oportunidad  para ello. Hasta que pulsó el botón con más significado, el del apagado. Y de vuelta a pulsar el cambio de programa, en ninguna emisión, en la nada. Y fija su mirada en la pantalla en negro se preguntó qué diferencia había: Ninguna.

  

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