¡La felicidad!
No existe palabra antes de ella, pues después de ella, la palabra, cualquier palabra, se convierte en Luz y, con esa transfiguración del verbo dicho o escrito, te conviertes en un dios, y creas para creer, y crees para crear.

¡La felicidad!
No existe palabra antes de ella, pues después de ella, la palabra, cualquier palabra, se convierte en Luz y, con esa transfiguración del verbo dicho o escrito, te conviertes en un dios, y creas para creer, y crees para crear.

Voy a creer, a partir de ahora, todo lo que me dices.
Como cuando me cuentas que has visto a la gente sonreír sin miedo al qué dirán.
Como cuando crees haber visto a un par de parejas besándose en plena calle, sin pudor alguno.
Como cuando te atreves a sugerirme que seríamos más felices si pasáramos más tiempo juntos.
Y al escucharte decir todas esas sandeces me preguntaré cuántas más te atreverás a contarme para llamar mi atención, y para mantenerla viva.
