Es raro. Es jeroglífico. Es enigma. Es huidizo. Es intemporal. Es siendo y ofreciendo. Es mi corazón. No el órgano, sino el pulso a la vida.
«Su gran problema es que piensa demasiado. Y por elucubrar tanto es por lo que decidió la escabullida y el abandono a una suerte inhóspita, desmandada. ¡Con lo fácil que es buscar y encontrar el término medio para todo: las pasiones, las reflexiones, las sensaciones, las acciones!»
La voz mental no tenía timbre ni tono, sólo contenido semántico. Y aún así, algo la distinguía de otras que había recepcionado. Una marca diferenciadora, y como las huellas digitales de todos los humanos, única, intransferible de un sujeto a otro.
A veces, alguien se sorprende de seguir siendo alguien, de contar los segundos para ser nadie.
El mundo sigue siendo esa desesperanza casual que ilumina nuestros actos y, sin embargo, el desánimo corrompe las expectativas del esperanzado.
A menudo, muy a menudo, eres alguien siendo nada.
Si eres capaz de permanecer impertérrito ante la mirada extraña, estás pleno de personalidad inquebrantable, pues son siempre los rostros ajenos los que causan desdicha al culpable de pusilanimidad.
Y, sin embargo, éste es el ciclo de la sandez, éste es el ciclo de la sordidez.