No te fallaré

Ni una maldita brizna de aire.
Ni mi rincón de tu piel.
Ni la almohada de la esperanza.
Ni la lujuria de la sabiduría.

Uno se harta de las persecuciones a mi mente.
Uno esquiva los tropiezos de la quietud.

Para qué soy si no soy eterno.
Para qué respiro si no lloro.

La tentación de la inexistencia
ha pululado demasiadas veces.

La rebelión de la ironía es la que hace ensombrecer la desesperanza.

Tanto aire y tantos pulmones.
Tanta mente y tan pocos recuerdos.

Sabré superarlo.
Siempre, a mi pesar, lo supero.

Esta vez me costará más hacerlo, porque no estás tú para cobijarme.

Pero el sin miedo me tonifica los músculos de la lucha perenne.

Y esta vez, después de tantas, creo que no fallaré, creo que no te fallaré.

Fotografía de Archimaldito

Tentación

Abajo, en la distancia sublime, la mujer lo miraba con los brazos abiertos y extendidos hacia él, como queriendo alcanzarlo, aun estando a cientos de kilómetros, como si sus brazos pudieran ser de goma extensible y pudiera tocarlo con ambos dedos índices. Lo que no lograba atinar era si sus ojos imploraban o si reían de alegría.

No importaba. Pasaría volando por encima de ella y de los que la acompañaban, que solo miraban, sin aspavientos, su planeo cansino.

A ellos no los maldeciría con la indiferencia que le daba el sentirse superior espacial y anímicamente.

Trataría de olvidarlos, para absorber lo que estaba por venir, cuando soltara la bomba.

Millones de objetivos vivos para masacrar, para inaugurar una nueva era en la que los débiles no existirían, donde la supremacía de su estirpe lucharía por el poder absoluto sobre los pocos que quedaran.

Cayendo en la tentación de ser un dios.

 

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