Revancha

Volvió a sonreír. Desdentado. Con la nariz aciruelada. Con los labios y los párpados asalchichados. Con la cabeza abierta en una de sus frentes. Los que le habían apuñado no cabían en su asombro. Habían encontrado a un temerario.

Él, mientras se iban, carcajeó. Había encontrado a unos cobardes.

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N. R. F.

 
   Mientras me preparaba para irme a trabajar, dejé a mi hijo viendo la tele, para que se distrajera y no incordiara.
   Al cerrar el grifo, tras enjuagarme la boca, escuché unas carcajadas que provenían del salón.
   Acercándome a mi hijo, para acoplarle la minimochila y poder largarnos a la guardería, me fijé que sus risas se mezclaban con los gritos de angustia de una damisela, en la pantalla, que estaba siendo mordida por un zombi descerebrado. 
   Caí, entonces, en la cuenta de que mi hijo era un N. R. F. (Niñito Rarito “Felís”).
 
(Dedicado a Estela Tatiana, mi hija)
 

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