Me tocaste el sabor,
conociste el olor,
de la fruta bella, de la fruta bella.
Y quisiste, amor,
que probase el dolor,
de la fruta bella, de la fruta bella.
Me tocaste el sabor,
conociste el olor,
de la fruta bella, de la fruta bella.
Y quisiste, amor,
que probase el dolor,
de la fruta bella, de la fruta bella.
Lúdico e impúdico tu vello púbico.
Tentador y sabroso tu poto asombroso.
Y más lujuriosa tu boca carnosa,
Que la mía no puede esperar a comer ¡hermosa!
(Nota: «Poto» = «Culo» en jerga peruana)
Una lágrima,
un sentimiento que se desborda.
Dos lágrimas,
la tristeza que se acomoda.
Mi rostro encendido por la impotencia
de no poder calmar mi vida con la paciencia.
Una lágrima,
un indicio que me avisa
de que el corazón que tengo
por sobrevivir tiene prisa.
Dos lágrimas,
ni una sonrisa que me serene.
Pienso demasiado, mi mente no se detiene.
Una lágrima,
pues me colma el desamparo,
sin ti, mi vida, estoy abandonado.
Y las siguientes,
que vuelven a surcar mi agriado rostro,
son las que me ahogan
y mi interior transforman en un monstruo,
una triunfante abominación de la madurez,
una triunfante exaltación de la languidez.
Yo y mis lágrimas,
que no aceptan a mi alma en su desvalida desnudez.
Tercos sinsabores de los nuevos tiempos
Espantadores de moscas invisibles
Restituidores de las masacres infames
Cansinos aduladores de los impresentables
Gimiendo al unísono por falta de aire
¿Pa’ qué? ¿Pa’ qué?
Saltando jerarquías de mando inasumibles
Bordeando precipicios carentes de fondo
Vistiendo santos ya vestidos
Vallando una propiedad que es de todos
Vigilando las lenguas vivaces pero sin músculo
¿Pa’ qué? ¿Pa’ qué?
Batallando en una guerra sin enemigo respetable
Horadando en los cerebros ya petrificados
Jamaseando la verdad incógnita
Liberando el excremento el espíritu enfermo
Allanando las cumbres inalcanzables
Y todo, ¿pa’ qué? ¿pa ‘ qué? ¿pa’ quién?
En la espera, lamentarse no lleva a nada.
En la distancia, lamentarse carece de importancia.
Si ahora no te tengo, he de consolarme con que nuestro amor es eterno.
Redescubrirte, y pensar que nunca más tienes que irte
me hace estallar en luces de alegría
porque anhelo catapultarme hacia el firmamento de tu alma,
renovando, en la mía, mi Amor con algarabía,
y que tú sepas que el límite no existe
y que el infinito es mío desde que tú a mí te uniste.