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Por qué Poesía
Tus ojos, veo poesía.
Tus manos, toco poesía.
Tu boca, escucho poesía.
Tu cuerpo entero, todo poesía.
Y si así es, para qué recurrir a ella,
si para expresarte lo que te quiero,
me basta con estar,
sentirme, a tu lado, eterno.
Pues no se puede crear algo
que ya es,
que tenía vida propia
sin ser yo de ella,
que surtía plenitud
siendo la más bella,
que el Amor de su esencia
en mi corazón hace mella.
Te amo, te disfruto,
tú eres todo mi poema.
Roto
Un segundo, una lágrima surcándome la cara,
incontenible en su curso me desgarra el alma.
Un segundo, pensando en cuánto falta,
es siempre lo mismo y, sin embargo, me mata.
No quiero pensar en nada, ni siquiera en ti,
porque cuando lo hago, sin tenerte aquí,
soy un esperpento, un cuerpo sin alma tremendamente infeliz.
Cúrame, cuando vuelvas, con tus besos, con tus caricias;
sabes que deseo solamente una cosa y es tenerte aquí,
pues el silencio, por falta de tu voz, de tus risas,
se hace eterno, quebranto provocado sin ti.
¡Oh, mi ser, mi esencia más pura!
¡Oh, ven pronto, y no hagas mi espera más dura!
¡Que mi alma tiene un aguante, mi corazón al final se parte,
mis oídos necesitan escucharte,
y mis labios piden a gritos besarte!
Que el Universo me mande pruebas duras,
pero ninguna como ésta, porque si se repite,
no responderé de mí, y juraré en su nombre
que tendré el espíritu siempre a oscuras.
SURCOS (EN MI CORAZÓN)
Una lágrima,
un sentimiento que se desborda.
Dos lágrimas,
la tristeza que se acomoda.
Mi rostro encendido por la impotencia
de no poder calmar mi vida con la paciencia.
Una lágrima,
un indicio que me avisa
de que el corazón que tengo
por sobrevivir tiene prisa.
Dos lágrimas,
ni una sonrisa que me serene.
Pienso demasiado, mi mente no se detiene.
Una lágrima,
pues me colma el desamparo,
sin ti, mi vida, estoy abandonado.
Y las siguientes,
que vuelven a surcar mi agriado rostro,
son las que me ahogan
y mi interior transforman en un monstruo,
una triunfante abominación de la madurez,
una triunfante exaltación de la languidez.
Yo y mis lágrimas,
que no aceptan a mi alma en su desvalida desnudez.
¿Para?
Tercos sinsabores de los nuevos tiempos
Espantadores de moscas invisibles
Restituidores de las masacres infames
Cansinos aduladores de los impresentables
Gimiendo al unísono por falta de aire
¿Pa’ qué? ¿Pa’ qué?
Saltando jerarquías de mando inasumibles
Bordeando precipicios carentes de fondo
Vistiendo santos ya vestidos
Vallando una propiedad que es de todos
Vigilando las lenguas vivaces pero sin músculo
¿Pa’ qué? ¿Pa’ qué?
Batallando en una guerra sin enemigo respetable
Horadando en los cerebros ya petrificados
Jamaseando la verdad incógnita
Liberando el excremento el espíritu enfermo
Allanando las cumbres inalcanzables
Y todo, ¿pa’ qué? ¿pa ‘ qué? ¿pa’ quién?
El firmamento
En la espera, lamentarse no lleva a nada.
En la distancia, lamentarse carece de importancia.
Si ahora no te tengo, he de consolarme con que nuestro amor es eterno.
Redescubrirte, y pensar que nunca más tienes que irte
me hace estallar en luces de alegría
porque anhelo catapultarme hacia el firmamento de tu alma,
renovando, en la mía, mi Amor con algarabía,
y que tú sepas que el límite no existe
y que el infinito es mío desde que tú a mí te uniste.



