Federico Granaíno

¡Ay, la pena negra de la bella Yerma!
¡Ay, el Camborio de mis azucenas!
No sé si es cante o es poema, pero es jondo.
Ay, que tenía que haber dejado que me dejaran ser quien era.
No hay peor desesperación que la piedad bien hecha.
Que si a quién amo, a quién escribo, a quién engaño con mi obra maltrecha.
Soy Federico, señor, el de Fuente Vaqueros, no tenga la mirada estrecha.
Sepa que he escrito lloros, poesía y dramas de amplia cosecha.
Pero nadie sabe dónde estoy desde que decidieron que debía irme de las tierras de vino y arte, de cante y luna libre, de la sangre el caballo y el toro.
¡Ay, Ignacio Sanchez Mejías, si hubiera sabido que te seguiría allá donde fuiste!
¡Ay, que quiero ser uno de los sueños de mi Dalí! ¡Ay, Salvador, sálvame de su incultura!

Salvador Dalí y Federico García Lorca,
Turó Parc, Barcelona, 1925

No te fallaré

Ni una maldita brizna de aire.
Ni mi rincón de tu piel.
Ni la almohada de la esperanza.
Ni la lujuria de la sabiduría.

Uno se harta de las persecuciones a mi mente.
Uno esquiva los tropiezos de la quietud.

Para qué soy si no soy eterno.
Para qué respiro si no lloro.

La tentación de la inexistencia
ha pululado demasiadas veces.

La rebelión de la ironía es la que hace ensombrecer la desesperanza.

Tanto aire y tantos pulmones.
Tanta mente y tan pocos recuerdos.

Sabré superarlo.
Siempre, a mi pesar, lo supero.

Esta vez me costará más hacerlo, porque no estás tú para cobijarme.

Pero el sin miedo me tonifica los músculos de la lucha perenne.

Y esta vez, después de tantas, creo que no fallaré, creo que no te fallaré.

Fotografía de Archimaldito