Archivo de la categoría: Otros
Locura perenne
Suspensión
Languidez
Escabullirse era fatal. Me hacía sentir impresionable.
Huía de los antros infestos de la ciudad y siempre esperaba la respuesta a mi amor, tanto creativo como sentimental. Los pensares bullían y en la fingida huida hacia la noche, creía que en algún momento podría aparecer la persona adecuada, o que en el vacío que existía sobre el taburete pegado al mío vislumbraría la aislada silueta de la inspiración. Era ésta la que al final se dejaba materializar sobre el papel cuando lograba arrastrar mi cuerpo a mi otro tugurio cotidiano, aquel en el que me acomodo ahora para sentirme como en mi casa, porque, aunque lo es, nunca la siento como tal. Nunca como la calurosa y tierna de mi niñez.
La búsqueda estática era insoportable y yo no hacía nada por cambiar mi situación de ingravidez existencial. Desde que había optado porque las cosas ocurrieran, que los prójimos deambularan a mi alrededor como en vídeo imágenes ralentizadas, y que mi beneficio fuera el retratarlo todo tal como se aparecía, mezclándolo con mis obsesiones filosóficas particulares, nada avanzaba. Sólo mi mantenimiento económico, que no era poco, pero que a mí no me llenaba ni me llamaba a la felicidad.
Languidecía sufriendo pasar el segundero. Y cuando sentenciaba que una palabra se quedaba adherida a mi registro narrativo, el éxtasis infinitesimal del pequeño éxito era relevado por el ansia obsesiva de encontrar la próxima, y así otra vez después, y otra, y otra más. Y aquello empezaba a parecerse a un fracaso, y la frustración era carcoma en mi apurado espíritu. Pero es hoy cuando no imagino a alguien que haya fracasado en algo en su vida y siga manteniéndose mental y espiritualmente erguido como si nada hubiera ocurrido. Es una decepción humillante para el propio ego el transformar cualquier hecho, cualquier creación, en la nada.
Varias veces he sentido muy cerca el precipicio pero, gracias a Dios, no he caído.
Ante la sutil evidencia, decidí dejar atrás aquella subliminal desesperación, un pasar la página a mi libro vital, en la que la siguiente estrenara otra historia, otra muy distinta historia que, aunque dentro del mismo volumen, a modo de antología, dispersara mis intereses. Un vuelco espontáneo en el borrón y cuenta nueva. Y cuando decidí volver en mí tuve la certeza de que aquella imaginación mía era mal empleada en cosas estériles. Y me prometí a mí mismo que cuando tuviera medios suficientes, crearía algo que los demás no tendrían más remedio que admirar. Y fue tan vehemente ese pensamiento que me asusté con el poder que desataba dentro de mí.
Decidí crear para ser feliz y hacer feliz.
¿Quiénes escriben la Historia?
Está claro que la Historia la escriben los vencedores de las guerras, y en los períodos de paz, los que detentan el poder y el dinero. Algunos investigadores, como David Irving, controvertido autor, escriben sobre la Otra Historia.
Hitler no levantó el movimiento nacionalsocialista en Alemania gracias a un capricho electoral, sino gracias a la gente, la misma que le dio, en su gran mayoría, su apoyo incondicional hasta el último día.
Una vez en el gobierno, aboliría la guerra de clases del siglo XIX para crear una Alemania con igualdad de oportunidades para obreros e intelectuales, para ricos y para pobres.
“El cargo de Presidente del Reich se une al de Canciller del Reich. En consecuencia, los poderes de que disponía el presidente del Reich pasarán al Führer y Canciller del Reich, Adolf Hitler. Él mismo nombrará asu sustituto.” (Decreto Ley del gabinete de Hitler, 1-8-34). En un plebiscito celebrado el 19 de agosto, el noventa por ciento del pueblo alemán votó en favor de la nueva ley.
El 6 de marzo de 1936 militarizó la Renania alemana violando el nuevo Tratado de Versalles. El pueblo alemán se quedó muy impresionado por los métodos de Hitler, quien a finales de 1936 recibió otro apoyo contundente del voto popular en las urnas, y esta vez la proporción era de noventa a uno a su favor.
Hitler manifestó la intención de convocar por toda Alemania y Austria el 10 de abril para confirmar la reunificación de Austria con el Reich. Ésta era la pregunta: “¿Acepta a Adolf Hitler como nuestro Führer y, por tanto, acepta la reunificación de Austria con el Reich alemán como se efectuó el 13 de marzo de 1938?” El 99,08 % confirmaron su apoyo.
Las mujeres le tendían a sus hijos, un acto sencillo que era la mayor muestra de respeto que se podía dar a un dirigente, como Hitler señaló a sus ayudantes.
Éste era el escudo que protegía a Hitler en 1939: Era un dictador por consenso; a un asesino jamás le habrían perdonado ni comprendido. Esta férrea solidaridad entre el Führer y el pueblo persistió hasta el final, a pesar de lo que han fingido las generaciones posteriores.
(Extracto de EL CAMINO DE LA GUERRA, de David Irving)
David Irving, nacido en Essex, Inglaterra, en 1938, es hijo de un oficial de la Royal Navy. Se formó en la Universidad de Londres, donde cursó estudios de física, ciencias económicas e historia política, y en 1959 pasó a trabajar en la región de Ruhr como obrero con el objeto de perfeccionar su alemán. Después de tres años de investigaciones publicó su primer libro, La destrucción de Dresde, la obra más completa que existe sobre el ataque aéreo aliado, en el cual perecieron en una noche más de cien mil personas de la población civil. Posteriormente publicó otros cinco importantes estudios sobre diversos aspectos de la Alemania nazi, y en 1977 dio a conocer el más famoso y discutido de sus libros, La guerra de Hitler, al que siguieron El rastro del Zorro, una gran biografía del mariscal Rommel, y El camino de la guerra.
JAMÁS Y SIEMPRE A LA VEZ, mi primera novela corta, en capítulos semanales, en el 2014
Hacía tiempo que el agua era un bien escaso en el planeta Tierra. El descubrir nuevos mundos y colonizar el espacio no contribuyó a que ese tesoro tan preciado dejara de ser la clave para comenzar una guerra, cualquier guerra.
El planeta Tierra entró a formar parte de la Confederación Cósmica de Mundos Habitados en el año 2525. El agua era su bien exclusivo pero, al sumarse a esta unión de mundos, tuvo que compartir todas las bondades de la misma. A medida que crecía el nivel de exportación, también lo hacía el riesgo de deshidratación irreversible del planeta. La solución se halló en la creación de productores estables en cada uno de los planetas, planetoides y satélites naturales destinados para tal fin en cada uno de los 58 sectores espaciales existentes.
Pero los poderes fácticos de los mundos no terráqueos no se podían permitir el depender de la patente exclusiva que detentaba el Planeta Azul. Las rebeliones locales, las catástrofes naturales y la ambición empezaron a desestabilizar la perfecta armonía de la Confederación.
La guerra sedujo a los pacíficos, el poder a los humildes y la Humanidad fue testigo de cómo el origen de la vida podría ser la causa de destrucción de la misma.
Una más de las paradojas del Universo.
——————————————————————————————————————–
Obsesión literaria literal
Deseo ser leído, letrado y leído.
Aludido pero no eludido.
Circunstancialmente circunscrito en mis escritos circunstanciales.
Apasionado aprisionado posicionado.
Parafraseando frases enfrascadas
en frescos fracasos.
En la espiral mareante veo la salida
a mis imaginaciones girantes…
Por eso mi mente es un cúmulo y la tuya es mi halo.




