Sin retorno

   La despidió con el pañuelo a través de la ventanilla, tal como lo había visto hacer en mil y una películas cursis. Hasta que dejó de verla. Hasta que la velocidad le obligó a subir la hoja de cristal. Solo, ensimismado, decidió que, como le esperaba un viaje muy largo, mejor se pasaba durmiendo la mayor parte del mismo. Hasta que le despertara el revisor u otro pasajero que quisiera compartir el habitáculo.

   No había traqueteo ni sonidos ni humos. Todo muy tranquilo. Perfecto para soñar y dejarse llevar al próximo destino. Porque sabía de qué estación había salido pero no a cuál iba a llegar. La única pista que le habían dado, antes de partir, fue que cuando estuviera a punto de llegar, atravesaría un túnel, y que al final de ese túnel habría una luz tan intensa que, aunque estuviera disfrutando el más profundo de los sueños, se despertaría maravillado y sobrecogido por una paz inmensa.

 

???????????

 

 

Hasta luego

Te acabas de ir y ya te echo de menos. Acabo de encontrar este papel marchito en uno de los cajones y, tras terminar esta nota, lo dejaré bajo la almohada que tengo a mi lado, donde aún queda presente la huella de tu cabeza, que reposaba hace unos minutos mirando hacia el techo mientras desgranaba sus sueños para que yo los escuchara y los hiciera míos. Algo que no entiendo, porque me acabas de conocer.

Ahora que te has ido, creo que comprendo por qué lo hacías: Quizás estés harta de contarlos, siempre sin que te hagan caso, para justificarte por haber caído en la tentaciones que te pedía tu cuerpo, para no sentirte culpable por haber utilizado a otra persona para tu gozo egoísta, porque crees siempre que cerrara la puerta de tu apartamento sin mirar la vista atrás, porque para ella también ha sido un placer pasajero e intrascendente.

Pero me has dejado dormir sin despedirme antes. ¿Por qué? ¿Por qué te has fiado de mí en la primera cita? ¿Por qué crees que no levantaré tus ropas en tus cajones en busca de dinero y joyas para robarte? ¿Qué te he dicho para que confíes en mí, un desconocido hasta ayer noche, para pensar que actuaré honradamente y abandonaré, con un portazo, tu piso, sin llevarme nada a cambio en pago por tus increíbles orgasmos?

No sé si soy merecedor de tu confianza o si lo haces con todos.

Lo que sí sé es que tú tampoco esperarás encontrar algo como esta nota en tu cama.

Porque yo quiero confesarte que no me voy con cualquiera a su dormitorio nada más conocerla. No soy de esos que tratan a la mujer como un objeto de usar y tirar, te lo aseguro. Si he estado contigo es porque he visto algo en ti que no he encontrado en ninguna. Y, sinceramente, creo que pasaran muchos días hasta que descubra qué es. Porque te aseguro que no podré echarte de mis pensamientos y estaré dándole vueltas a la cabeza para buscar el modo de no perderte. Jamás.

Aún huelo tu presencia. Y no lo entiendo, porque recuerdo perfectamente que, en la primera pausa de descanso de tu sexo febril, te dije que me sorprendía que no olieras a nada. Que eras inodora en piel y cabello. Que eras algo raro y extraordinario.

Y aún tengo tus pupilas marcadas a fuego en mis pupilas, las de aquí dentro, las de mi cabeza, pues por mucho que aprieto los párpados no logro borrar la imagen de tus ojos mirándome intensamente, sin pestañeos, algo que yo no lograría sin que las lágrimas afloraran por el esfuerzo.

¿Qué me has hecho?

No serás bruja, ¿no? Y me echaste una pócima en el vino tinto de bienvenida.

¿Qué me has hecho? ¿Por qué quiero volver a verte? ¿Por qué quiero volver a abrazarte? ¿Por qué quiero volver a amarte?

¿Por qué, cuando he despertado y recuperé el sentido, y me percaté de que estaba solo, me ha faltado el aire, por qué he sentido arcadas de ansiedad? ¿Por qué?

Y para ser sincero contigo y conmigo mismo: ¿Por qué estoy escribiéndote? ¿Por qué necesito hacerlo?

Tienes mi teléfono y sabes que puedes llamarme cuando quieras. Si no lo haces, tras leer esta carta, lo entenderé. Paso de mandarte whatsapps y mierdas de esas. Quiero escuchar tu voz cuando me digas que quieres verme. Pero si lo haces, quiero advertirte, que nunca más te dejaré ir… sin que te despidas.

 

???????????

El pinchazo

   Se pinchó, con un alfiler, la yema del dedo índice de la mano derecha y la sangre no paraba de fluir. Por mucho que se metiera el dedo en la boca y lo pellizcara con los dientes, y libara el líquido rojo hasta empalidecer la zona del puntito, la pequeña hemorragia no remitía.

   Pero esto no le preocupaba, pues sabía que por esa nimiedad no iba a desangrarse. Lo que de verdad le preocupaba era que la chica más hermosa del mundo estaba a punto de aparecer y que no iba a poder controlar las posibles manchas en su vestido, cuando la abrazara, allí, en medio del silencio de la biblioteca, en alguno de sus pasillos menos visitados, antes de darle una rosa y el papel con la declaración de amor, escrita con su sangre enamorada.

Heart

Una gota inmensa

Acuclillándome. Dejándome mojar por la rotura de las olas. Allí, en la playa de mi infancia. Llorando por el tiempo pasado. Llorando por la pérdida del planeta. Llorando, para que la sal de mis lágrimas se expandiera en aquel mar inmenso, ahora muerto. Un cadáver de agua ennegrecida e insípida.

 

(Dedicado a Greenpeace)       

???????????