Inconmensurablemente

   Atormentado con la miseria humana, trato de encontrar una salida a las ilusiones que me he hecho sobre el modo de ayudar a los demás a afrontar sus, para ellos, irresolubles problemas. Confiando en mi voluntad para que me guíe a través de la incomprensión de los receptores de mis esfuerzos. No cejo ni cejaré en el intento. Siempre hay alguien que se da cuenta, a tiempo, de que existe esperanza para vivir a pleno rendimiento de acuerdo con uno mismo.

   Recuerdo que hubo un tiempo en que me atormentaba pensando en que mi vida seguía pautas mecánicas de supervivencia y que nada llenaría el vacío que en ella se había formado. Estar muerto o vivo debía de ser lo mismo. A punto estuve, en varias ocasiones, de probar esta hipótesis. Pero algo me decía que debía seguir luchando conmigo mismo para buscar los frutos de mi experimentación con el ejercicio del Amor.

   No sé cómo fue que, a punto de concluir el mundo, y yo con él, me pregunté por qué, entonces, estaba vivo ¿Para nada? ¿Vendré de la nada para acabar en la nada? Un sinsentido, sin duda. ¡Qué vano esfuerzo sería crear algo para no ser disfrutado!

   Decido, pues, que todo tiene un sentido, y que algo o alguien produjo ese sentido. Ya tengo un objetivo: Buscarlos a ambos. Pero no contento con ello, quiero que los demás hagan lo mismo. Es delicioso, inconmensurablemente magnífico, irse encontrando a uno mismo. Cuanto más me doy cuenta de quién soy, por qué soy y para qué soy, más ganas tengo de comprender a los demás, a los que recorren el mismo camino que yo, y a los que no, para que empiecen a recorrerlo.

   ¿Y después qué? Cuando me haya conocido totalmente, qué debo hacer. Y la respuesta es siempre la misma: Nunca llegaré a conocerme de verdad, porque el mismo hecho de estar haciéndolo me hace ir subiendo escalones de mi evolución interna, escalones que separan pisos distintos, que son también desconocidos para  mí, y así siempre, y así siempre. Y después, de vuelta a encontrar al prójimo.

   En verdad que es inconmensurablemente magnífico vivir. En verdad que es inconmensurablemente magnífico amar.

   Y ahora, que me conoces bastante bien, empezaré a mostrarte la Luz, una de tantas que es proyectada por uno de tantos focos de luz en el infinito espacio de la inmensidad…

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8 de marzo, Día Internacional de la Mujer

¿Por qué tengo que celebrar el Día Internacional de la Mujer instaurado por la Organización de las Naciones Unidas?

¿Por qué, cuando esta organización atenta continuamente contra otros derechos del ser humano y no soluciona, después de tantos años de su existencia, los problemas de la humanidad tales como el hambre, la falta de justicia y de libertad en muchos de los países que la conforman?

Días Internacionales que maquillan las faltas de compromisos reales con los problemas más graves de este planeta y de esta especie.

El solo hecho de destacar que se celebra el Día de la Mujer es muestra de que existen diferencias entre hombres y mujeres en los países de gobiernos y sociedades patriarcales y machistas.

La hipocresía continua que muestra una cara frente al público sumiso y conformista, y tiene otra frente al mundo de los derechos humanos, laborales y educativos.

Mientras que se aprueban Resoluciones para invadir países o atacar militarmente otros, se inventan los Días Mundiales de un Mundo que no se esfuerzan porque exista en realidad.

La ONU no es una organización democrática, ni igualitaria ni humana, ni por supuesto sus países integrantes están ni unidos ni integrados. Sólo persigue defender los intereses de las Élites que la crearon, salvaguardando sus privilegios y arrimándose siempre a “los soles que más calientan”.

El Día Internacional/ Mundial de la Mujer es en sí mismo una burla para el género femenino, tanto como que se celebre el Día Internacional del Hombre para “resaltar el rol positivo y las contribuciones de los varones”. Sólo con dar por hecho que existen diferencias, se da por hecho que no van a poner remedio para que éstas desaparezcan.

Mi pregunta sincera: ¿Es una broma? ¿O es una estupidez para distraer al humano de sus verdaderos problemas?

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LOS TREINTA PRECEPTOS

En 1909, Harold Klett publicó en The Library Journal de Nueva York un artículo titulado “Don’t”, en el que se contenían 30 preceptos relacionados con los libros. Al año siguiente apareció en Guayaquil una traducción anónima.

1. No leer en la cama.

2. No poner notas marginales.

3. No doblar las puntas de las hojas.

4. No cortar con negligencia los libros nuevos.

5. No garabatear vuestro interesante y precioso autógrafo en las páginas del título.

6. No poner en un volumen de un peso, una encuadernación de cien pesos.

7. No mojar la punta de los dedos para dar más fácilmente vuelta a las hojas.

8. No leer comiendo.

9. No fiar los libros preciosos a malos encuadernadores.

10. No dejar caer sobre el libro las cenizas del cigarro, y aún mejor no fumar leyendo.

11. No arrancar de los libros los grabados antiguos.

12. No colocar vuestros libros sobre el borde exterior o canal, como se hace frecuentemente cuando se lee y se interrumpe momentáneamente la lectura, en vez de tomarse el trabajo de cerrar el libro después de haber puesto una señal.

13. No hacer secar hojas de plantas dentro de los libros.

14. No tener los estantes de las bibliotecas encima de los picos de gas.

15. No sostener los libros sujetándolos por las tapas.

16. No estornudar sobre las páginas.

17. No arrancar las hojas de guarda de las tapas.

18. No comprar libros sin valor.

19. No limpiar los libros con trapos sucios.

20. No tener los libros encerrados en arquillas, escritorios, cómodas, ni armarios: tienen necesidad de aire.

21. No encuadernar juntos dos libros diferentes.

22. EN NINGÚN CASO sacar las láminas y los mapas de los libros.

23. No cortar los libros con horquillas para el cabello.

24. No hacer encuadernar los libros en cuero de Rusia.

25. No emplear los libros para asegurar las sillas o mesas cojas.

26. No arrojar los libros a los gatos, ni contra los niños.

27. No romper los libros abriéndolos enteramente y por fuerza.

28. No leer los libros encuadernados muy cerca del fuego o de la chimenea, ni en la hamaca, ni embarcado.

29. No dejar que los libros tomen humedad.

30. No olvidar estos consejos.

(Fragmento extraído del capítulo X “Preceptiva y práctica bibliófilicas” , de la obra La pasión por los libros, de Francisco Mendoza Díaz-Maroto, 2002, Colección Espasa Fórum, Editorial Espasa Calpe)

Bien. ¿Qué opináis? Yo reconozco que alguno de ellos me los saltaba a la tolera antes de tener conocimiento de los mismos.  Ahora intento seguirlos a rajatabla por el bien de mi modesta colección de libros.

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