Las horas llanas

 

  Las horas llanas. Sin altibajos. Sin emociones. Vacías. Tan distantes los recuerdos. Tan próximos los pensamientos, los peores pensamientos. Esos que la soledad aflora. Tan poco caritativos con el espíritu débil. Sin control inmediato en una cabeza martirizada.

   Deseando que las horas llanas pasen, para caer en el nuevo día con más horas llanas.

   Y siempre, algo irremediable, siempre vacío.

   En el corazón.

 

Sacrificio

  Había rasurado y depilado todo su cuerpo, aceitándolo bien para evitar el mínimo roce con el aire cuando, desde aquella altura, se lanzara al vacío y entrara como una punta de alfiler en el agua de la piscina.

   Aerodinámico en extremo, olvidó, sin embargo, bajar sus párpados, pues las miradas, allá abajo, atravesaban raudas su sentido del ridículo. Y la de aquella niñita, entre el público más lejano, le recordó que estaba a punto de coronar tantos años de sacrificio, de entrenamiento disciplinado, y que, por conseguirlo, había olvidado tener una vida propia.

  Y ya en el aire, tras el primer tirabuzón, notó cómo se le escapaban lágrimas que irían a unirse con el líquido azul que lo esperaba.

   Segundos después, los aplausos y la fama.

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