Mil perfecciones en los defectos del Amor. Tan inspirado como hermoso. Ese «Tú, tan tú» engancha algo más que el alma, si la hubiese.
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JAMÁS Y SIEMPRE A LA VEZ, mi primera novela corta, en capítulos semanales, en el 2014
Hacía tiempo que el agua era un bien escaso en el planeta Tierra. El descubrir nuevos mundos y colonizar el espacio no contribuyó a que ese tesoro tan preciado dejara de ser la clave para comenzar una guerra, cualquier guerra.
El planeta Tierra entró a formar parte de la Confederación Cósmica de Mundos Habitados en el año 2525. El agua era su bien exclusivo pero, al sumarse a esta unión de mundos, tuvo que compartir todas las bondades de la misma. A medida que crecía el nivel de exportación, también lo hacía el riesgo de deshidratación irreversible del planeta. La solución se halló en la creación de productores estables en cada uno de los planetas, planetoides y satélites naturales destinados para tal fin en cada uno de los 58 sectores espaciales existentes.
Pero los poderes fácticos de los mundos no terráqueos no se podían permitir el depender de la patente exclusiva que detentaba el Planeta Azul. Las rebeliones locales, las catástrofes naturales y la ambición empezaron a desestabilizar la perfecta armonía de la Confederación.
La guerra sedujo a los pacíficos, el poder a los humildes y la Humanidad fue testigo de cómo el origen de la vida podría ser la causa de destrucción de la misma.
Una más de las paradojas del Universo.
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Portadas Novelas Cortas Ciencia Ficción
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Estas son las portadas de mis dos únicas novelas cortas, ambas de ciencia ficción: «Jamás y siempre a la vez» y «Luztragaluz».
Las horas llanas
Las horas llanas. Sin altibajos. Sin emociones. Vacías. Tan distantes los recuerdos. Tan próximos los pensamientos, los peores pensamientos. Esos que la soledad aflora. Tan poco caritativos con el espíritu débil. Sin control inmediato en una cabeza martirizada.
Deseando que las horas llanas pasen, para caer en el nuevo día con más horas llanas.
Y siempre, algo irremediable, siempre vacío.
En el corazón.
¿Qué esperó el pensamiento?
Hilandedo


