Invisibles


No se atrevía a levantar la vista del suelo, para no cruzar la mirada con nadie. Y se concentraba en los sonidos que llegaban desde todos lados. Las risas de niños exultantes por el viaje, mientras que los padres advertían que no soltaran sus manos. Las batallitas de los ancianos, que aprovechaban cualquier descuido de los jovenzuelos para soltar su perorata. Los avisos de megafonía, indescifrables a veces. La guitarra del artista ensayando antes de subirse al siguiente tren para conseguir algunas monedas. Y sus propios latidos, acelerados por la ansiedad que le causaba el próximo examen en la facultad.

Imagen de Klaus Fedorow en Pixabay