Miró la esfera del reloj, miró la esfera de la Luna, miró la esfera del chicle que estaba a punto de mascar, y esperó. Al amanecer.
En la espera, lamentarse no lleva a nada.
En la distancia, lamentarse carece de importancia.
Si ahora no te tengo, he de consolarme con que nuestro amor es eterno.
Redescubrirte, y pensar que nunca más tienes que irte
me hace estallar en luces de alegría
porque anhelo catapultarme hacia el firmamento de tu alma,
renovando, en la mía, mi Amor con algarabía,
y que tú sepas que el límite no existe
y que el infinito es mío desde que tú a mí te uniste.