Payasa

Gua pedía agua, no para beber sino para echársela por encima y reír a mandíbula desencajada.
Gua jugaba con los demás tal como había jugado cuando era niña. Pero la edad y la experiencia daban otro sentido muy distinto a sus juegos.
Estimaba que los que estaban con ella o se cruzaban en su camino eran seres aburridos a los que había que divertir a costa de sus defectos físicos y psíquicos, lo que la acarreaba la aparición de muchos enemigos y enemistades.
Pero a ella eso no la importaba porque la principal diana de sus burlas, insultos y escarnios era ella misma y cuando alguien la preguntaba por qué se cebaba con su propia cojera, con su mandíbula saliente y con su bizquera mal disimulada, contestaba que lo hacía para superarse cada día, para encontrar un objetivo en la vida, para dar y recibir cariño y, consecuentemente, felicidad.

Imagen de Alexandr Ivanov en Pixabay, editada por Archimaldito

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