Gordita Morales era propensa a engordar más allá de lo estéticamente recomendable. Por eso, al último hombre que se burló de su obesidad, no se lo comió.
Gordita
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Rodilla en tierra, miré a los ojos de una de las víctimas de esta guerra absurda y cruel. Tras un breve lapso, miré a esos mismos ojos a través de la mirilla de mi fusil. Tras otro breve lapso, pensé en mí y acaricié el gatillo. En el último lapso, el comandante del pelotón miró a mis ojos y asintió. ¡Fuego!