Hace días conocí casualmente a una señora que me pareció una de las personas más positivas que he conocido. Su situación económica era bastante difícil y aún así, me hablaba de lo orgullosa que se sentía por cómo hacía para alimentar a su familia y de lo afortunada que era por todas las cosas buenas que ahora apreciaba de otra manera. Me dijo que había aprendido a levantarse cada mañana tomando la firme decisión de ser feliz y de vivir el día a día; me recordó este cuento que os dejo de Jorge Bucay. Sé que ella no verá este post pero, sin duda, este cuento está dedicado a Amalia.

Dicen que sólo se tiene una vida. No sé si una o muchas, pero todas las que nos toque disfrutar, deberíamos sentirlas en cada segundo, cada milésima de segundo del tiempo transcurrido entre una y otra, como algo que va a ser único e irrepetible y, por ello, tenemos que alcanzar la felicidad y dar la felicidad. Si no, ¿para qué vivimos?

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Esta es la historia de un sastre, un zar y su oso.

Un dia, el zar descubrio que uno de los botones de su chaqueta preferida se habia caido.
El zar era caprichoso, autoritario y cruel (como todos los que se enmarañan durante demasiado tiempo en el poder). Asi que, furioso por la ausencia del boton, mando a buscar al sastre y ordeno que a la mañana siguiente fuera decapitado por el hacha del verdugo.
Nadie contradecia al emperador de todas las Rusias, asi que la guardia fue hasta la casa del sastre y, arrancandolo de entre los brazos de su familia, lo llevo a la mazmorra del palacio para que esparara alli su muerte.
Al atardecer, cuando el carcelero le llevo al sastre la ultima cena, este meneo la cabeza y musito: «Pobre zar…».
El guardia no pudo evitar la carcajada.

– ¿Pobre zar? Pobre de ti. Tu cabeza…

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Amar es abstenerse de juzgar

No todos sabemos definir el Amor, con a mayúscula. A quien lo consigue, se le trata como un iluminado, y merece ser tratado así, porque si el corazón está encerrado dentro de nuestra cavidad torácica, el Amor lo muestra al mundo porque ilumina todo nuestro ser y, entonces ya nada, de nuestra persona, es opaco.

Lágrimas desordenadas

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Antes de empezar con este post, le busqué el título y pensaba en ponerle Tatuajes del Alma pero me pareció un título exótico cuando el contenido abarca poca historia, pero en fin, ahí está.

Notas acordadas y nuestros encuentros parecen no tener sentido cuando la rutina se interpone, y luego, nos apartamos de la verdad que no queremos escuchar. Pero como lo siento, cuando no podemos salir a dar la vuelta lejos del mismo destino. Cuando apenas acertamos en encontrarnos a la misma hora, en cada tarde, de vernos tan solo en la esquina de su casa. Siento tanto incomodar los momentos que debieran ser una felicidad.

Los recuerdos fluyen a su modo, por eso alma mía; aguanta todo el mal que te cae encima aunque no lo provocamos, cuando las tardes frías te congelen solo resiste.

…y así seguimos, entre juegos desordenados, cuando por  reproches sé que lloras…

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TELESCOPIO

Es para mí un honor que me dediquen cualquier cosa, y me enorgullece, más aún, que sea un relato.

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Se pasó toda su vida mirando a las estrellas. Como si alguien o algo estuviera observándole.

Desde pequeño leía a los grandes astrónomos y pensantes de la época con gran devoción. Siendo más mayor, utilizó sus ahorros de su primer trabajo fijo, para comprarse un buen y refinado telescopio, con el que arañaba las horas observando galaxias y planetas en busca de algo más. Su objetivo siempre fueron ellos y nunca pudo saber si aquella luz vibrante en la opacidad de la noche, era un objeto volador o sólo una estrella más, vibrando por sus nervios en el objetivo. 

Tal vez los buscaba con tanto ahínco, sólo por dar razón a sus excentricidades. O tal vez se sentía parte de un «algo» mayor y majestuoso, que le hacía sentir, que su planeta solo debía ser el principio. Eso nadie lo sabe, pero lo que él si supo, es que cuando…

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