Qwerty volvió a mirarlo a los ojos, o lo que habían sido ojos en otro tiempo. La tendencia al vacío en todo su cuerpo era la evolución que Adeldran siempre había deseado, y la mirada del infrahumano se lo estaba recordando.
No esperaba respuestas. Solo un movimiento rutinario que demostrara que estaba operativo. La conciencia haría lo demás. Pero Adeldran, el capacitado, se lo estaba poniendo difícil.
Mientras que los otros agentes inspeccionaban aquel estercolero, él no se rendía. Pero, aún así, no quería recurrir al filamento neuronal. No quería ponerse al nivel del detenido.
Qwerty liberaba su masa sobre los desgraciados.
Si a veces los aplastaba, no se arrepentía.
