Rédito

 El director del banco me quiso acompañar personalmente a la salida, después de que uno de sus subalternos se negara a atenderme cuando solicité cerrar mi cuenta y que me devolvieran todos mis ahorros.

   Siempre acababa igual. Me iba cabizbaja después de que me aconsejara que lo pensara bien, que lo consultara con la almohada.

   Y siempre acababa aguantando su mirada de superioridad, cuando era él el que, supuestamente, estaba trabajando para mí y para mi dinero.

   Y otra vez volvió a hacerlo. Se rió en mi cara sin cortarse un pelo, esperando que algo dentro de mí despertara, que la sangre me hirviera y explotara en una reacción en cadena.

   Y acercando su rostro a mi cabello susurró, para que nadie más escuchara:

   -Hazme una transferencia de tu corazón y te beneficiarás con los intereses de mi cuenta amorosa.

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2 pensamientos en “Rédito

  1. Espero que mañana este tipo de banqueros y otros barriobajeros se dignen a regalar rosas y ser dignos en sus cosas… Elocuente y espeluznante corto, Jesús. Abrazo

  2. Se me ocurre que tras el comentario del bancario debería acercarse a él, tomarle afablemente de las solapas de la chaqueta y, levantando con firmeza y rapidez la rodilla izquierda, reventarle las gónodas. El aullido de dolor sería un analgérsico para la clienta maltratada que podría reciminarle: “No es preciso que beséis mis zapatos, zopenco, tan sólo tratadme como persona”.
    Y, por supuesto, cerrar al cuenta. En ese mismo acto.

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