Altamar

Pataleaba sin parar. Nadie le escuchaba en su agonía. Si miraba hacia arriba, la inmensidad azul. Si miraba hacia abajo, metiendo la cabeza en el agua, la inmensidad negra. Hacía un buen rato que se había pinchado su colchoneta hinchable. No tenía que haberse quedado dormido.

 

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