El detalle

 Me acompañó hasta casa. Me dio un beso en la mejilla. Vigiló cómo llamaba al sereno. Esperó a que entrara y desapareciera en la oscuridad del edificio.

   No me volvió a llamar. Creo que se percató del detalle del sereno. 

   ¡Qué pena! Éste no era tonto.

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