Psiquis

Sigo encerrado en esta celda esperando que alguien venga a explicarme qué hago aquí.
Una mano anónima me ofrece comida cada cierto tiempo, si es que a lo que me he acostumbrado a tragar se le puede llamar alimento. Pero a esa mano nunca la acompaña una voz y el silencio del otro lado es más hiriente porque seguro que sabe por qué estoy aquí, y lo más importante, quién soy, pues no lo recuerdo.
He intentado verme en el reflejo de mi propia orina pero la escasa luz me lo prohíbe. No tengo idea de cuál será mi aspecto pero la gravedad de mi voz al gritar auxilio me da pistas sobre mi edad aproximada.
No siento dolor en ninguna parte de mi cuerpo, por lo que deduzco, primero, que estoy sano, y segundo, que no he sido maltratado.
Tampoco huelo mal, y con el tacto deduzco que no tengo mi rostro barbado ni descuidado.
Me preocupa la idea de llegar a adivinar qué he hecho para merecer este trato.
No siento frío en los pies ni en las manos.
Es tan extraño todo esto.
Otra vez escucho murmullos y pasos. No son de la persona que me alimenta y espero que esta vez no pasen de largo.
Solo pido que no pasen de largo y que unos ojos me miren. Creo que así entenderé.
???????????Otra vez escucho pasos.

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