JAMÁS Y SIEMPRE A LA VEZ. PRIMERA PARTE. CAPÍTULO 3

PRIMERA PARTE

III 

   -¡Merdik Lamaret, John Pee y 3136-VESTIC!

   La gran mole metálica se deja caer por su mitad inferior y se integra en la construcción ciclópea del edificio industrial al que da entrada. Cuando cruzan la raya que separa el pasillo de la amplia nave, casi ensordecen.

   Un segundo SINDRA entrega a los humanos dos auriculares transductores telepáticos que, adheridos a sus frentes, permiten utilizar una forma de comunicación desarrollada hace escasos siglos.

   –Creía que ésta era una zona limitada a la mano de obra androide– piensa Pee.

   –Va a ver más de un hombre en esta factoría.

   -¿Para qué hemos venido?

   –Paciencia, paciencia– sugiere Lamaret.

   El SINDRA señala hacia un elevador gravitacional y al momento deja a los dos hombres entrando a solas en él.

   –El pulsador con un dieciocho, por favor– ordena Lamaret.

   El trayecto a las alturas sólo dura doce segundos, al cabo de los cuales se vuelve a desmaterializar la puerta del ascensor y comienza el tránsito al hiperdesarrollo tecnológico. Entre toda la maraña de unidades de información se encuentran dos SINDRAS y un hombre, Tes Maundraka, que recibe a los visitantes mostrando un gesto de pleitesía hacia Lamaret.

   –Suprema Excelencia. Excelentísimo– los dos tratamientos son semánticamente parecidos, pero la variación en el sentido de su aplicación es bastante clara para los terráqueos. Y no se admiten ambigüedades.

   –Le advertí ayer de mi llegada.

   –Cierto, señor, todo está preparado– una leve sonrisa alude a la presencia asombrada del congresista Pee-. La valoración objetiva que me pidió es el resultado perfecto de la gran maquinaria de información de la que disponemos. Durante el último semestre se ha muestreado exhaustivamente la situación en que se encuentran las reservas y producción de H2O. El Cerebro…

   –El Cerebro es la más grande computadora de este centro de estudios estadísticos– aclara Lamaret al cada vez más anodadado Pee.

   Mientras que hablan, los dos SINDRAS mueven sus expertos dedos sobre paneles y teclados alternados que se encuentran delante de ellos circunvalando el amplio espacio en que se hallan inmersos.

   –Los resultados de las profundas investigaciones no pueden ser más alarmantes y deprimentes.

   Ansiosamente, Pee pide al operario especialista que le dé una explicación, a lo que este último ordena a uno de los SINDRAS:

   -ASHTRID, páseme al Central los datos de acumulación.

   Movimientos ágiles de las manos artificiales sobre monitores interactivos logran que una pantalla cilíndrica aparezca a la altura de sus ojos. Ésta ofrece a los espectadores una misma imagen repetida según un ángulo constante. Los tres humanos miran su propio sector de pantalla.

   –Pueden ver en el planisferio terráqueo de la imagen, que estamos llegando a cotas de desertización increíblemente altas. Las zonas marítimas tienen ahora mismo… el 79’8 por ciento de capacidad real menos que hace cinco siglos, y los ríos, lagos y corrientes subterráneas, en conjunto, el 85’3 por ciento. Lo dicho, una desertización prácticamente absoluta del globo.

   Cada pensamiento alarmista es refrendado por una mirada alternada de preocupación y rabia hacia sus interlocutores. Tes Maundraka no sabe reprimirse y El Presidente lo nota al instante.

   -¿Y las reservas?– cuestiona Lamaret con tono de indiferencia.

   Un asentimiento al segundo SINDRA hace que en la pantalla aparezca la figura geométrica en relieve que indica los millones de hectómetros cúbicos con que se cuenta en los miles de depósitos enclavados en distintos puntos del planeta.

   –Juzguen por ustedes mismos.

   -¡Sólo hay un 30 por ciento del volumen posible! ¿No es así?–  John Pee está empezando a no  poder dominar sus nervios.- Seguro que todos los mundos de la Confederación lo saben hace tiempo. Y si no es con tal exactitud de datos, por lo menos, se lo imaginan.

   –Sí, el Organismo Central de Investigación Científica y su comité relacionado con producción, importación y exportación del agua dentro de la Unión, se lo huele, pero hay muchos datos tergiversados, muchas informaciones erróneas, muchos intereses en juego– aclara sin ninguna preocupación el solemne Merdik-. Como usted bien dijo, hay bastantes planetas que ya tenían H2O en su naturaleza, y otros se la han procurado artificialmente con nuestra ayuda.

   –Entonces, ¿por qué hizo lo imposible por aumentar las exportaciones?

   –Le confieso, John, que tuve, como casi todos, ciertas ambiciones, pero le aseguro que no conté con las posibles fatales consecuencias.

   -¿Y todo lo que ha montado aquí?

   –Consecuencia de mi caída en la cuenta de que la evolución de todas las fases se estaba retroactivando.

   -¡No sé qué significa todo esto!– en toda su vida profesional John Pee se había cubierto muy mucho de mostrar ira ante El Presidente, pero algo le ha sacudido por dentro y le fuerza a romper su etiqueta de subordinado-. Le juro que no entiendo nada.

   -¿Está usted tan ciego?

   Lamaret ase al encendido Pee por los hombros y le zarandea un par de veces para despertarle de su hipnosis de furia. Cuando vuelve en sí, se deja conducir por el SINDRA ASHTRID a una de las escasas tensosillas del lugar. Pero, aún en aparente calma, no puede apartar sus ojos del Presidente, y sin que medie entre ellos palabra ni pensamiento alguno, éste sabe que está siendo interrogado.

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