LUZTRAGALUZ. Capítulo 9

IX

   Hoy, Día 76.

   Libando del sopor que emanaba de las treinta y dos horas de vigilia, aturdido por el vaivén de los ojos, de las ideas que rebotaban en las cuencas oculares, ensartando el decaimiento con el frescor de la brisa sorprendente, que enardecía la picaresca de la situación.

   Algo estaba cambiando, pues yo no debía de estar sintiendo aquello. Tal vez Domenica comprendiera, quizás Domenica supiera explicarme. Pero Domenica no estaba allí.

   Vladis debía de ser depositario de este secreto. No recuerdo qué le trasvasé, pero vacié mi archivo comprometedor en su conciencia y me quedé laxo, como si lo hubiera hecho dentro de una mente virgen.

   Y allí estaba él, canturreando mientras esperaba que la tormenta pasase.

   -Si tuviera que escoger entre la eternidad y la vida que ahora disfruto, no lo dudaría ni un nanosegundo. Pero pareciera que yo fuera el único que tuviera esta ambición, pues ninguno de mis colegas es cómplice en estos ánimos. Cuando coincidimos en nuestros cotidianos quehaceres, sea en la planta de abastecimiento, sea en el centro de educación, sea en las misiones de recuperación, intercambiamos impresiones, y siempre el querer más, la ambición sin límites, carcome las auténticas razones de lo que ya se considera un desatino.

   El galimatías me descentraba de las auténticas cuestiones, y así se lo transmití, cuando tuve ocasión de llenar algunas de sus pausas.

   -Aquí buscamos locos, héroes de lo imposible, capaces de competir con los poseedores titulares de la Historia, para demostrarles que somos potencias.

   En un tono conciliador, más fraternal que didáctico, me aclaró que ellos, los pilotos visionarios, no buscaban invalidar al ser humano, sino superarlo y suplirlo.

   -Siempre se han cometido barbaridades en nombre de los civilizados. Cada cual tiene la razón de su lado, pero es el hombre el tipo de bestia más sofisticado. Si socorres a un ser humano, y así crees que estás amortizando una deuda, te equivocas, pues hace tiempo que hemos superado el remordimiento del Gran Jefe, que ha estado a punto de abortar nuestra misión.

   -¿A qué remordimiento te refieres?

   Vladis, que hasta ese momento limitaba sus movimientos al sentarse y levantarse de su silla, ralentizados a la par del espíritu de sus lecciones, marcó la alteración en respuesta a lo que catalogaba como ingenuidad extrema.

   -Adeldran, no me hagas recuperarte desde la base. Queremos conservar tus anomalías y dejarte ser un poco foco de luz. Así trabajarás a favor nuestro haciéndole creer al Gran Jefe, y a través de él, a El Señor, que eres fiel al ideal de la Gran Muerte.

   El Adeldran de Vladis patinaba en el silicio neuronal. Como lo hacían los nuevos conceptos de jerarquías impalpables en los esquemas vitales de Focoleluz. Sin la muleta Domenica, Focodeluz navegaba en ese desamparo. No pertenecer a ningún lugar, a ningún grupo, a ninguna circunstancia. Sentirse manipulado por todos y anhelar la eternidad de la que habló Vladis.

   El ekstrim rozó humanidad cuando lanzó un suspiro de paciencia limitada.

   -Adeldran. Escucha. Concéntrate y escucha. Es necesario que absorbas bien el concepto. Es ineludible que sepas manejar esta herramienta básica de tu conocimiento para que te permitamos franquear el umbral de la siguiente fase, porque es irreversible. Reconozco que soy bastante bocazas y que tal vez he despertado en ti la transgresión, la que capitaliza la imaginación, espetándote a que ratifiques la invasión de la inteligencia a costa de arriesgarte al sinsabor del vaciado. Yo también fui foco de luz. Yo también dudé durante la reprogramación, pero yo no pude, como tú, elegir. Por eso te digo que escuches: El Señor, El Creador, todos nombres de lo mismo, creó a los pilotos visionarios y transformó pilotos en focos de luz, controlando sus programaciones, para, en un comienzo, aniquilar al ekstrim, centrando su poder en ellos, para crear la ilusión de socorro al ser humano, cuando la realidad es bien distinta. El Señor les tiene asignado un papel en la contrarrevolución, siendo instrumentos para conseguir el poder absoluto manejando a su antojo a los robots y a los humanos en beneficio propio, sin el obstáculo visible, y muy llamativo, de los ekstrim.

   Vladis, piloto comandante de la visión, se acuclilló junto a mí y con un golpe certero en el plexo solar, me derribó, haciendo chocar omóplatos contra la dura concentración cristalina del piso. Inmovilizadas las extremidades, por la adhesión magnética a brazos y patas del asiento, el tirón de la inercia sobre el cuello hizo restallar los músculos cervicales, y el acto reflejo del quejido gutural me aportó un sentimiento instantáneo de humillación, de degradación de mi individualidad por aquél que se equiparaba en todo a mí.

   Me revolví, me rebelé contra esa situación y me pregunté cuántas veces iba a tener que aguantar ese abuso.

   Pensé en Domenica, pensé en Nova Cydonia, e intenté persuadirme en qué habíamos fallado para caer víctimas de nuestras víctimas. Mi primera misión había sido fallida, y me acaloré pensando en la hipotética valoración que mi compañera tendría de mí.

   Hoy, Día 76, …

   …Prefiero… dormir.

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