JAMÁS Y SIEMPRE A LA VEZ. SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO 10

SEGUNDA PARTE

X

Estey Lutmos e Ihara Mitshu esperaban su turno de audiencia. Por fin, el, para ellos, intrigante Lam Am iba a ofrecerles algunas respuestas concretas.
Estey Lutmos había reunido a todo su equipo de exploración y querían que la persona que les había lanzado al gran reto, les orientara. Estaban dispuestos a cumplir de inmediato cualquier sugerencia que Lam Am les diera.
Nada más entrar en el amplio despacho, la corpulenta complexión de Lam Am les daba la espalda.
-Nuestras salutaciones, Señor Presidente.
Cuando Lam Am les mostró su barbado rostro, no pudo por menos que exteriorizar su alegría interna al encontrarse, después de tanto tiempo, con sus queridos colaboradores, y verlos enteros física y psíquicamente.
-Queridos Estey y Mit. ¡Cuánto tiempo!
-¡Cuánto espacio, señor!
-Sabía que más tarde o más temprano vendríais a verme.
-Era lógico, ¿no crees?
No se habían sentado en las anatomicotensosillas por respeto máximo a la persona que les había salvado la vida. Cuando Lam Am les mostró los reclinatorios, les dijo, sin intentar avasallarlos:
-En verdad que no me debéis la vida, sino a vosotros mismos. Ahora, como siempre, sois libres de elegir vuestro destino. Podéis quedaros en esta paz reconquistada o volver con vuestras familias al momento que os vio partir.
-Merdik, nos pones en un aprieto- susurró Mitshu-. ¿Te das cuenta qué extraña contradicción? Tú aquí hablándonos y nosotros sabiendo que podemos volver a la situación anterior y encontrarnos contigo antes de tu estupenda transformación
-No amigos, os ruego que no penséis eso en ningún momento. Daos cuenta que el mover en el pasado una de las piezas, ha dado origen a que ahora se vea el puzzle montado. Si no nos hubiéramos lanzado a este reto, quizás Lam Am no existiría.
Consternados por la respuesta tan vagamente lógica, los dos científicos debían contraatacar.
-Lam Am. El mandarnos a nosotros, ¿fue premeditadamante impuesto por alguien?
-Ahora pienso que sí, queridos amigos.
-Si volvemos, sabes que podemos cambiar este futuro tan perfecto que has creado.
-Creo que no sabéis una cosa en contra de esa idea.
Lamaret pugnaba consigo mismo para no romper la armonía del momento.
-No quiero entumecer vuestras neuronas.
Lamaret experimentaba sinsabor por ser el dueño de la situación. Y se daba cuenta que sus nuevos dones no participaban en ningún momento en la crisis que se dibujaba en el encuentro de los tres amigos.
Para regresar al punto de ingerencia que facilitaba el salto transtemporal, era necesario que una mente sindrática tomara los mandos de una de las máquinas a utilizar, condición imposible por la inactividad pulsátil de cualquier unidad SINDRA en un período indefinido. A esto se sumaba que cuando el régimen militar se hizo cargo de los clandestinos resortes para la recuperación de la máxima libertad, decidió que se compartieran los conocimientos adquiridos en viajes espaciotemporales, a lo que los científicos del pasado se negaron. Recluidos en su aislamiento, deslumbradoras mentes con inexpertas manos decidieron participar en el desensamblaje de bimuestreo que desenlazó en la inutilización sistemática de dos de las tres naves.
-En otras palabras: Estamos condenados a vivir y morir en tu tiempo con la situación creada por ti.
-Me temo, queridos amigos, que se cumple el Plan también con vosotros, porque vosotros sois el Plan. Intentad continuar vuestra vida feliz con vuestras personas queridas reencontradas, y no lloréis por mucho tiempo a aquellos de cuyos últimos momentos no habéis sido testigos. Vivid, ante todo, el clarificador presente que se os ha abierto de par en par.
Las dudas habían sido despejadas de la torturada, por insegura, mente de Lutmos.
-Lam Am, hemos desarrollado todos nuestros recursos para caminar por la vía del no-apego. Eckar nos ha ayudado en gran manera a no sufrir por lo que habíamos dejado, y a amar lo que hemos encontrado, pero, aún así, teníamos la esperanza de que forzando un último intento para la desesperanza, chocáramos con la cruda realidad. Y tú nos has hecho abandonar nuestras pesadillas. Trasladaremos a nuestros colaboradores el punto final de nuestra aventura.
Ihara Mitshu juró fidelidad a Lam Am y le sedujo con la promesa de un compartimiento de su relevante sabiduría técnica.
-Amigo mío, futuras generaciones te lo agradecerán eternamente.
Las rollizas mejillas de Lam Am se volvieron rojizas, las ventanas nasales comenzaron a expandirse y contraerse a un ritmo acelerado, los ojos se desangelaron en un instante, pero el rostro afable no dejó de sonreír cuando, con un abrazo de cordialidad, se despidió de sus invitados.
-Sabed que ya me falta poco de estar entre vosotros. Mi amor hacia vuestra esencia me permite deciros que puedo morir feliz porque el círculo se ha cerrado. Lo que fue, es, y será. Ahora sí. Ahora estoy seguro. No os preocupéis, nunca se muere totalmente. Además, el relevo está entregado. Id en paz.
Afuera, en la sala de recepción, esperaban ansiosos otros hambrientos. Hambrientos de luz.
Lutmos y Mitshu estaban ahora seguros de que allí dentro, de donde ellos surgían, la encontrarían.

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